«UnYdos» de Jesús Carmona puso en pie al público de la Suma Flamenca
Hay noches en las que resulta difícil encontrar las palabras para expresar lo vivido sobre un escenario, como lo de anoche en Suma Flamenca de Madrid. Quizás porque el alma todavía se encuentra encogida por la tragedia ferroviaria de Urda, que nos hace especialmente sensibles ante cualquier emoción. Desde estas líneas, mi más sincero pésame a todas las familias afectadas.
Y en medio de ese sentimiento llegó «UnYdos», el espectáculo de Jesús Carmona, que consiguió poner en pie a un público que llenaba la sala y que terminó rendido ante dos horas de flamenco, elegancia y entrega. La propuesta no necesita de complicados argumentos. Su propósito es mostrar el flamenco desde su esencia, conjugando tradición, sensibilidad y una concepción escénica personal. Alegrías, taranto, soleá, fandangos de Huelva y bulerías fueron dibujando un recorrido por los distintos territorios del arte jondo.
Jesús Carmona, bailaor barcelonés y actual director del Ballet Español de la Comunidad de Madrid, conoce bien los escenarios. Su baile tiene elegancia, técnica y personalidad, pero, sobre todo, sentimiento. Se busca, se encuentra y se expresa con una naturalidad que convierte lo difícil en aparentemente sencillo. Baila desde el conocimiento, con el cuerpo y con el alma, dejando que el duende aparezca sin necesidad de reclamarlo.
A su lado, Lucía Campillo protagonizó dos momentos verdaderamente memorables. El primero, un baile acompañado únicamente por la guitarra, en el que su mantón parecía volar con vida propia. Le bastó un rincón del escenario para llenarlo de arte. El segundo llegó por verdiales, con unas tobilleras de cascabeles y un baile que comenzó sentada para terminar de pie, evocando la fuerza y el sabor de la mismísima Panda de Comares. Sencillamente espectacular.
El acompañamiento musical estuvo a la altura de la propuesta, con Jesús Corbacho, Al-Blanco y Eleazar Cerreduela al cante y El Peli a la guitarra. Todos demostraron su categoría, aunque permítanme detenerme especialmente en dos nombres. Porque una crónica también tiene algo de sentimiento personal y no siempre resulta posible, ni necesario, esconder lo que uno ha sentido.
El Peli ofreció una auténtica lección de guitarra flamenca. Limpieza, velocidad, precisión y una solvencia extraordinaria para hacer fácil lo verdaderamente difícil. Su toque tuvo personalidad y protagonismo, recordándonos que, en el flamenco, los artistas que están detrás también pueden situarse en primer plano.
Y qué decir de Jesús Corbacho. El joven cantaor onubense volvió a demostrar sus enormes facultades y conocimientos. Especialmente brillante resultó su intervención en solitario, sin acompañamiento, desgranando una variada tanda de pregones. Después, junto a la guitarra de El Peli, llegó uno de los momentos más emocionantes de la noche, evocando al maestro Pepe Marchena con un repertorio que puso de manifiesto su dominio de los estilos y su extraordinaria capacidad interpretativa.
El público madrileño volvió a responder con un lleno absoluto. Como suele decir Antonio Benamargo, «el público madrileño siempre responde». Y esta vez no solo respondió, sino que terminó en pie, reconociendo la calidad de un espectáculo en el que el baile, el cante y la guitarra caminaron de la mano.
Una noche memorable, de esas que permanecen en el recuerdo, cuando la Suma Flamenca comienza a acercarse a su final y todavía sigue regalándonos momentos de verdadero arte.
Juan José Gil Sánchez para Flama




