Carmen Linares, dueña y señora del cante: 30 años de Antología de la mujer
Madrid volvió a rendirse en Suma Flamenca 2026 ante Carmen Linares, una de las grandes señoras del cante flamenco. Elegante, natural, cercana y, sobre todo, maestra indiscutible, la cantaora jienense conquistó anoche la Sala Roja de los Teatros del Canal, prácticamente llena, con un recital que terminó con el público puesto en pie, reconociendo la grandeza de una artista que sigue siendo historia viva del flamenco.
Decía un buen amigo que allí debería haber estado toda la juventud flamenca, y no le faltaba razón. Porque escuchar a Carmen Linares es asistir a una lección magistral de conocimiento, respeto y sabiduría cantaora. Todo sobre el escenario estaba medido, cuidado y perfectamente organizado, como corresponde a quien lleva toda una vida dignificando este arte.
Es evidente que los años no pasan en balde y que su voz ya no posee la fuerza de otros tiempos, pero Carmen tiene algo que no se aprende en ninguna escuela: la sabiduría de saber hasta dónde puede llegar. Conoce sus facultades, modula el cante, lo lleva a su terreno y consigue que cada tercio encuentre su sitio. No necesita alardes ni esfuerzos innecesarios para emocionar. Ahí reside su grandeza, en esa manera de alcanzar el duende desde la experiencia, la sensibilidad y la verdad.
Arropada por las magníficas guitarras de Salvador Gutiérrez y Edu Espín, el piano de Pablo Suárez, los coros y palmas de Rosario Amador y Ana María Morales, y la espectacular intervención de Pepe Torres al baile, Carmen ofreció cerca de dos horas de flamenco del bueno. Soleares, tangos, tientos, malagueñas, tarantas, granaínas, fandangos de Huelva y de Lucena, bamberas, alegrías y bulerías fueron desgranándose en un repertorio cuidadosamente elegido para celebrar tres décadas de una obra fundamental.
Porque en 1996 Carmen Linares publicó Antología de la mujer, un trabajo que marcó un antes y un después en su trayectoria y en la historia del flamenco. Acompañada entonces por guitarristas de la talla de Vicente Amigo, Tomatito, Rafael Riqueni o Moraíto, recuperó y reivindicó un legado cantaor femenino que merecía ocupar el lugar que le correspondía. Una grabación convertida hoy en referencia imprescindible para comprender la aportación de la mujer al cante.
Treinta años después, Carmen vuelve sobre aquellos cantes con una mirada renovada, rodeada de músicos de distintas generaciones y arreglos actuales, pero sin perder un ápice de su esencia. Cantiñas de Cádiz, tangos de Granada o soleares de Triana adquieren en su voz esa personalidad inconfundible que solo poseen quienes han sabido hacer suyo el legado recibido.
«Este concierto es mi gran homenaje al disco que cambió mi carrera artística», afirma la cantaora. Y así fue. Un homenaje a su propia historia, pero también a tantas mujeres que, con su voz y su entrega, engrandecieron el flamenco. Suma Flamenca de Madrid volvió a ser testigo de una noche para el recuerdo. Porque Carmen Linares no necesita demostrar nada a estas alturas. Su sola presencia impone respeto y su cante sigue emocionando. Puede que el tiempo haya templado su voz, pero no ha conseguido apagar su arte.
Carmen Linares continúa siendo eso, dueña y señora del cante. Una maestra de las que ya quedan pocas y a la que siempre merece la pena escuchar.
Juan José Gil Sánchez para Flama
Fotografías Ricardo Carrillo de Albornoz






