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El Quitasueños conecta Esperanza Fernández y El Turry con el flamenco étnico de Gaspar de Holanda

17 junio, 2026

En este onceavo Festival Flamenco Ciudad de Huelva, Antonio Gómez El Turry firmó una noche excelsa de flamenco en estado puro. Le acompañaron la guitarra de José Fermín Fernández y las palmas de José Cortés «El Indio» y Miguel «El Cheyene». El cantaor granadino inició la velada junto a su guitarrista entregando una soberbia soleá apolá de voz cristalina, que dio paso a unas dinámicas cantiñas arropadas por el compás.

La calidad de su eco brilló al recordar a Juan Breva con una malagueña rematada por abandolaos de ritmo ralentizado y compás impecable. Tras una honda granaína, el ambiente se tornó íntimo al invitar al escenario a Jeromo Segura. Entre muestras mutuas de respeto, trenzaron elegantes fandangos de la tierra a dos voces con el estribillo «Vente al Alosno, niña», derrochando compás, contratiempos y emotividad. El broche dorado llegó con unos tangos de Granada de corte «morentiano», donde El Turry exhibió un control magistral de graves y agudos.

A continuación, Esperanza Fernández revalidó su idilio con el cante en una noche de entrega absoluta. Vestida de blanco radiante, irrumpió por cantiñas combinando fuerza y un dominio del compás que viajó de ida y vuelta entre Cádiz y Córdoba.

Con elegancia suprema abordó la malagueña de Chacón y unos abandolaos ejecutados con un gusto exquisito, logrando imponer el respeto sagrado del silencio frente al ruidoso bullicio de la barra a fuerza de experiencia y señorío. Tras unas bulerías por soleá cargadas de garra, la trianera se puso en pie para regalar una valiente serrana a capela, desatando en el patio de butacas el eterno debate sobre la ejecución del cante flamenco con o sin amplificación en espacios abiertos. Arropada por el gran toque de Chaparro de Córdoba y el compás de Miguel Fernández y Dani Bonilla, cerró su actuación por tientos-tangos raciales y unas bulerías con romance donde, además, se permitió el detalle de bailar. Un derroche de voz y arte inolvidable.

Huelva vibró después con el «Flamenco Étnico», la brillante propuesta de Gaspar de Holanda que cerró la jornada flamenca. Su sonanta lideró un viaje transfronterizo, un aire fresco donde se produce un crisol de sonidos culturales que en ningún momento pierden el código flamenco, arropado magistralmente por el bajo eléctrico de Pablo Báez, la percusión de Lito Mánez, el laúd de Alaa Zouiten y las cuerdas de Mario Pousada.
El repertorio ofreció momentos mágicos como la emotiva «Sonata a Moraíto», los magnéticos y envolventes «Tangos del Sacromonte» y unos bellos fandangos dedicados a Victoria Prieto. El clímax llegó con los «Tangos del Cojo de Huelva», un tributo que fue dedicado a la cantaora Mayte Martín -presente entre el público-, seguido de un baile ejecutado por Vero “La Canela” volcado en la figura del Niño Miguel, el cual se brindó a sus familiares allí presentes.

En este complejo engranaje musical, la cantaora Virginia Gómez deslumbró con una finura excepcional; sin estridencias, su voz dotó de una jondura y sensibilidad sobrecogedoras a cada tercio, elevando con sutil maestría el pulso de una noche memorable.

 

Pedro Limón para Flama

 

 

 

 

 

 

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