Israel Fernández clausura la Suma Flamenca: mucho cante, pero faltó el pellizco
El cantaor toledano puso el broche final a la Suma Flamenca de Madrid 2026 acompañado por las guitarras de Antonio El Relojero y Diego del Morao, en un recital de indudable calidad artística al que, sin embargo, le faltó esa emoción que hace grande al flamenco. La Sala Roja de los Teatros del Canal acogió la clausura de la Suma Flamenca de Madrid, con Israel Fernández como protagonista de una noche que prometía mucho y que, sin desmerecer la calidad de los artistas, terminó dejando cierta sensación de frialdad. Vaya por delante el respeto y la admiración hacia Israel Fernández, un cantaor de extraordinarias facultades, conocedor de los estilos y poseedor de una personalidad artística indiscutible. Pero el flamenco tiene estas cosas: no basta con cantar bien, hay noches en las que se necesita algo más, ese pellizco que te remueve por dentro y te levanta del asiento. Y anoche, sencillamente, no llegó. El recital comenzó por granaína y media granaína, seguido de una soleá, con el acompañamiento de Antonio El Relojero, un guitarrista que demostró lo que significa saber estar detrás de un cantaor. Su toque, preciso, sobrio y profundamente flamenco, fue una lección de acompañamiento, sin alardes innecesarios y con ese conocimiento que solo otorgan los años y el respeto al cante. Después llegó Diego del Morao, que puso sobre el escenario el inconfundible sonido de Jerez. Su guitarra, llena de personalidad, ritmo y flamencura, acompañó a Israel por siguiriyas, soleá por bulerías, tientos tangos, bulerías y fandangos, entre otros estilos. Dos formas diferentes de entender el toque que encontraron en el cantaor toledano un punto de unión. Todo estuvo en su sitio, todo fue correcto, pero faltó calor artístico en una noche curiosamente cálida para estas fechas. Quizás se echó de menos algo más de compás, unas palmas o incluso un cajón que aportara mayor dinamismo a determinados momentos del recital, porque la pureza del flamenco no está reñida con estos elementos cuando se utilizan con conocimiento. La propuesta anunciaba un recorrido por la esencia del cante jondo, desde los sonidos más tradicionales de Antonio El Relojero hasta la evolución guitarrística de Diego del Morao. Y eso fue precisamente lo que ofreció Israel Fernández. No hubo engaño ni falsas promesas. Hubo conocimiento, entrega y respeto por los estilos, pero no terminó de aparecer esa conexión emocional que transforma un buen recital en una noche inolvidable. Quizás no fue la clausura que muchos esperábamos, pero sería injusto que esta circunstancia empañara el balance de una Suma Flamenca que, en su conjunto, ha demostrado una vez más su extraordinaria importancia dentro del panorama cultural madrileño. Una edición marcada por la diversidad de propuestas, la convivencia entre tradición y vanguardia y, sobre todo, por el éxito artístico y de público. Israel Fernández es un gran cantaor y seguirá ofreciendo noches memorables, de eso no cabe duda. Pero anoche, pese a su buen hacer y al extraordinario acompañamiento de sus guitarristas, nos faltó sentir ese escalofrío que recorre el cuerpo cuando el cante alcanza lo más profundo del alma. Porque el flamenco no siempre se explica desde la técnica ni desde el conocimiento. A veces, simplemente, sucede. Y otras, por mucho que se espere, el duende no aparece. Así es el flamenco. Juan José Gil Sánchez para Flama

