José Maya explora un mundo de oscuridad
En el corazón del Festival de Jerez 2026, la compañía de José Maya estrenó anoche «Color sin nombre», una creación ambiciosa – de Le Plato Prod – que hace dialogar el flamenco con las artes visuales y el paisaje interior. Inspirado en la obra del pintor Mark Rothko, el espectáculo se construye como una travesía emocional en la que el color se convierte en materia dramática y la danza revela las tensiones del mundo contemporáneo.
Desde el inicio, el dispositivo visual desplegado en el Teatro Villamarta impresiona por su riqueza. Proyecciones monumentales que evocan la capilla Rothko sumergen la escena en un universo de campos cromáticos en movimiento. Las imágenes no se limitan a ilustrar la danza: crean territorios sensibles, paisajes abstractos que parecen transformarse bajo los pasos del bailaor. Desde la oscuridad más densa hasta destellos de luz casi espirituales, el espectáculo explora distintos mundos sucesivos, como si se tratara de diferentes estados del alma.
En el centro de esta arquitectura visual, José Maya impone una presencia de intensidad extraordinaria. Su baile, visceral e instintivo, transmite la sensación de un cuerpo entregado por completo, como si cada gesto naciera de una necesidad interior. El artista se expone sin reservas: aflora la rabia, el dolor atraviesa algunos momentos y la desesperación de un mundo ensombrecido parece irrumpir en el espacio escénico. Sin embargo, detrás de esta tensión dramática siempre permanece un resplandor, una energía vital que impide que la oscuridad se imponga.
La música participa plenamente en esta dramaturgia. El joven guitarrista Marcos de Silva impresiona por una virtuosidad ya muy afirmada, capaz de sostener el baile con precisión y sensibilidad. A su alrededor, las voces de Delia Membrive, José del Calli y Gabriel de la Tomasa, junto con el violonchelo de Batio Hangonyi, tejen un paisaje sonoro denso y profundamente expresivo. Cada músico ocupa un lugar esencial en el conjunto: lejos de ser un simple acompañamiento, la música actúa como una respiración colectiva, creando una verdadera simbiosis con la danza.
Uno de los momentos más impactantes llega cuando los cantaores interpretan ‘Calle del Olvido’, popularizada por la gran voz del flamenco de Remedios Amaya. Esta secuencia aporta una profundidad emocional aún mayor al espectáculo: el cante hace resonar al mismo tiempo la belleza frágil de la naturaleza y el dolor provocado por las transformaciones rápidas que la afectan. La escena adquiere entonces una intensidad conmovedora, donde música, baile e imágenes convergen para expresar tanto el asombro como la inquietud ante el devenir del mundo.
Pero más allá de la riqueza del dispositivo escénico, José Maya no necesita finalmente más que de sí mismo para conducir al espectador en este viaje. Su cuerpo se convierte en el propio espacio del relato: un territorio atravesado por el caos, por las fracturas del mundo, pero también por la posibilidad de una transformación.
Con «Color sin nombre», la compañía firma así un espectáculo profundamente emotivo, donde la potencia del flamenco se encuentra con la meditación visual heredada de Rothko. Una obra que explora la oscuridad sin renunciar nunca a la luz y que recuerda, con fuerza, que el arte todavía puede abrir horizontes incluso en los paisajes más inciertos.
Silvia Badillo para Flama
Reportaje gráfico: ©️ Festival de Jerez/Rina Srabonian





