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Esa plaza feroz llamada García Lorca, Flamenco San Isidro en Madrid

15 mayo, 2019

Como una ‘torera’ de las más grandes: seria, abstraída y concentrada, con su traje de luces color oro, esperaba una bellísima Esperanza Fernández su segunda entrada al recital. Entraba a matar, y lo hizo. El público cayó rendido a las estocadas de su voz y al capote en la guitarra de Miguel Ángel Cortés. Así arrancaba el recital de la sevillana dentro del Ciclo Flamenco San Isidro, organizado por Casa Patas en Madrid.

Era la segunda noche del ciclo; la expectativa continuaba a flor de piel. Y es que desde hace cinco años, el espíritu taurino de mayo invade la sala García Lorca de la Fundación Casa Patas y los artistas se convierten en verdaderos banderilleros del cante.

Una noche antes, el viernes 10, en el estreno de la temporada 2019 del ciclo San Isidro, la faena fue ejecutada a la perfección por el gran Pedro El Granaíno, que casi salía en hombros ante un público que quedó con el corazón embestido por su cante y la guitarra de Antonio de Patrocinio.

“Es como recibir al toro a porta gayola… cuando los toreros lo reciben nada más salir, todavía echando polvo de los tobillos”  dice Antonio Benamargo, programador de los ciclos flamencos en este espacio con tanto arte.

San Isidro en García Lorca coincide con la fiesta de los toros en Madrid, y los artistas que llegan son auténticos expertos en capear a un público que sabe muy bien a lo que va: a ver pureza y a desafiar cara a cara a los artistas, sin cables de por medio ni arreglo sonoro de ningún tipo. Aquí se desnudan las voces y las guitarras y sólo se dejan cubrir con todos los olés y jaleos que sepan cosechar.

Así, irán pasando durante cinco semanas nombres de cante cabal como: La Cañeta de Málaga, Jesús Méndez, Antonio Reyes, María Terremoto, Israel Fernández, Filo de los Patios, Nano de Jeréz o Cancanilla de Málaga. Pero no vienen solos. Cada uno trae a su lado a su mejor mozo de espadas, que en muchas ocasiones acaban también dando estocadas irreversibles con las cuerdas de su guitarra.

Lorca hace su parte

El año 2013 empezaban a gestarse los ciclos flamencos en la sala García Lorca. Benamargo recuerda que mientras recorría los espacios de la Fundación Casa Patas junto a su capitán, Martín Guerrero, se fijó en esta sala y en especial en el nombre. “No hay más que hablar”, le dijo, y a estas alturas nadie duda que haya tomado la mejor decisión, él menos que nadie. “Lorca nos trae buena suerte y es nuestro padrino en la memoria. Nos cuida y nos hace que todo vaya bien”, dice Antonio con la sonrisa y la seguridad de quien lleva ya más de 30 años en el bello oficio de ‘programador de flamenco’. Su secreto es simple: mantener la ilusión. “Si has perdido la ilusión, eso lo capta el público y peor aún, lo captan los artistas. Yo todavía la tengo” asegura.

Es con esa ilusión que seguramente ya se van armando en su calendario los próximos ciclos que también son ya emblema de esta sala: Flamenco en la Frontera… Sones de Extremadura… Sagas del cante y otras que no necesitan un nombre para sellar su calidad, les basta con situarse en la Sala García Lorca de Madrid para que todos sepan que allí ocurrirá algo bueno: buenos cantaores, buenos guitarristas y como en este ciclo que ahora mismo estamos viviendo, buenos encierros.

San Isidro nos espera el viernes en la plaza feroz de la calle Cañizares.  La faena está servida.

Texto e imágenes: Paula Valdez para Flama

 

 

 

 

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