Yerai Cortés, una guitarra de ensueño
En el camino y a la entrada a los Museos de la Atalaya anoche para ver a Yerai Cortés en el Festival de Jerez se palpaba gran expectación, y mucho público joven, internacional y variopinto. El guitarrista alicantino, a través de su visión única – y diversa – del instrumento, es capaz de alcanzar sentimientos universales al margen de la edad o la procedencia… A la salida del espectáculo ese mismo público se veía maravillado y comentando en corros acerca de la excelencia de la sonoridad y musicalidad de su guitarra. Armonía, melodía, ritmo, compás… Yeri, como le clamaba mucha gente del público, no para de sorprender. Cada recital es una experiencia, algo extraordinario.
Desde su ‘Atalaya’, parece que Yerai sabe ‘registrar’ las emociones del público (duende), que durante la hora que duró el recital (cuando terminó comentó: «no sé el tiempo que llevo aquí») fue un constante diálogo, tanto verbal como musical; ¡¡llegando a adaptarse al compás en el que el público le mecía con sus vítores, entre oles, piropos y quejíos!!
Tiene un sonido único y un tempo que te va imbuyendo en su atmósfera, con cierto poder de abstracción sobre el oyente, hasta el punto que el tiempo va a su favor… no hay posibilidad de aburrimiento. Todo es pura expectación: «a ver lo que viene después…».
Escenario desnudo. Una silla, cuatro focos y negro (vestido) sobre (fondo) negro, arrancando oles de corazón, jaleos mientras afina por bulerías a lo panaero. Al margen de la música, tiene ese don de la genialidad que hace que su guitarra vaya más allá. Abrazado a su sonanta, con sonidos en off que, de alguna manera, iban también a compás. Y para los que pidió un aplauso «a mis bandoleros que hacen esos ruiditos».
Una capacidad de conexión que hasta hacía reír a la gente entre oles de emoción; con el juego de la guitarra el diálogo era constante, el público se sentía a gusto de ‘echarle’ piropos, y continuaba adaptando su ejecución al gusto del respetable. Conexión y complicidad, como si no hubiera una cuarta pared, como si no hubiera un mañana. Magia.
«Jerez me pone nervioso. Todo lo que hace la gente aquí es una gran inspiración. Me pone nervioso pero me siento familiarizado; he aprendido mucho aquí con la gente del baile. Aunque sea tocando al desnudo. Tocando solo sin cante ni acompañamiento, es muy especial para mí», manifestó el genio de Alicante.
Bulerías, tientos tangos, siguiriyas, alegrías… daba igual lo que tocara, fue como un viaje musical en el que el alicantino entremezcla los estilos. Rompe conceptos, fronteras, paredes… ‘La guitarra de Yerai Cortés’.
Isidoro Cascajo


