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Sevilla y Cádiz, la esencia de Acedo y la vanguardia de Moreno colman el Festival de Nîmes

19 enero, 2026

‘Magnificat’ de la bailaora gaditana María Moreno es una obra redonda. Así lo pudieron presenciar las 800 personas que abarrotaron el teatro en el Festival Flamenco de Nîmes la pasada noche del 16 de enero. Un espectáculo que borda la fusión entre la esencia y la vanguardia. Cada artista se convierte en una pieza imprescindible de ese puzzle mágico que no da puntá sin hilo. Una coreografía envolvente con una dirección musical de Raúl Cantizano que es digna de elogiar, así como la dramaturgia e interpretación soberbia de Rosa Romero, que embauca al espectador hasta el mismísimo final. Pero no acaba ahí, el quejío del jerezano Miguel Lavi es la conexión con la jondura, al igual que la versatilidad de Roberto Jaén, que se convierte, en algunos momentos, en imprescindible.

Pero así es durante toda la obra, el ‘elenco’ hay que ponerlo entre comillas, porque da la sensación que todos son piezas básicas para construir esta obra. Todo lo que toca Raúl Cantizano se convierte en magia; la guitarra en sus manos parece otro instrumento. Comienzan por alegrías, con la virtuosidad gaditana de María, con su bata de cola, y luego continúa el jerezano por saetas. El espectáculo no te deja distraerte ni abandonarte a tus pensamientos, como suele tener lugar en los teatros a partir de los 15 minutos. ‘Magnificat’ consigue engancharte. Después de un cante sacro siguió otro por campanilleros… un caos que no te dejaba respirar.

Roberto Jaén – haciendo de las suyas – con ese compás inimaginable, con mucho silencio, fundamental para dejar respirar y asimilar al respetable. Para seguir por fiesta subiendo el listón hasta lo más alto… Performance con mucha guasa y cachondeo, otro ingrediente que no deja despistarse al público. Coreografía, música y dramaturgia cabalgan de la mano entre diálogos absurdos e hilarantes.

Raúl aparece con la guitarra eléctrica con puros acordes rockeros al compás de las corraleras de Lebrija, mientras María bate las alas de su baile, para meterse seguidamente por siguiriyas con castañuelas. Lavi muestró su poderío con ese metal jerezano entre Agujetas y El Torta…

Para más inri, ya que la obra tiene tintes religiosos sobre la ‘visitación’ entre la Virgen María e Isabel, estando embarazadas, la obra dura poco más de una hora, lo que cumple con la máxima de que lo bueno, si breve…

 

 

Los Acedo en el Odeón por Niño Ricardo

Joselito Acedo llega al Festival de Nîmes para rendir un sincero ‘Homenaje a niño Ricardo’ (Manuel Serrapí, Sevilla, 1904, 1972), el gran maestro de la guitarra flamenca contemporánea, siendo gran influencia para artistas como el mismísimo Paco de Lucía. El trianero iba a acompañado de su padre no por casualidad, sino que José Acedo padre aprendió de un discípulo de Ricardo, Manuel Rojas, por lo que su padre le ha transmitido esa pasión por la guitarra de Ricardo, según indicó el mismo Joselito al inicio del recital.

Comenzó en solitario con un clásico del maestro sevillano, ‘Gitana arabesca’, una joya de la guitarra flamenca, para incorporar la segunda sonanta por fandangos, ‘Marisma de Huelva’. Joselito, emocionado, repitió en varias ocasiones que es «un placer» tocar con mi padre, «¡y en el Festival de Nîmes¡». Dos generaciones influenciadas directamente por Ricardo.

Siguieron las dos generaciones de guitarra flamenca por alegrías de Niño Ricardo. Se notaba a padre e hijo emocionados, cabalgando por la discografía de su paisano sevillano para continuar con unas bulerías excepcionales.

A partir de aquí se introdujeron en los estilos más sobrios y solemnes de la soleá y la siguiriya, con un toque nítido y limpio, y una pulsación y una sensibilidad preciosa en el toque, transmitiendo la dulzura y a la vez la tragedia de ese estilo, también amargo y sobrio, que llegó a levantar los olés del público.

El recital fue, igualmente, muy didáctico, ya que Joselito iba describiendo someramente los estilos que interpretaba. Continuuó por farruca con guajira y colombiana, todo inspirado e influenciado por el genio sevillano. 

Con una sala llena a rebosar remataron con ‘Recuerdo a Sevilla’, de Niño Ricardo, como se denominó al espectáculo. 

Es increíble la gran afición y respeto que se siente en Francia por el flamenco. A las 18 horas de la tarde, una sala a rebosar para presenciar un recital de guitarra flamenca, sobrio, sin ningún tipo de acompañamiento. Sobraron las palabras cuando se retiraron y nadie se movía de la sala, hasta que repentinamente se comenzó a escuchar palmas y tacones por toda la platea con un público entregado que quería seguir escuchando rasgueos, picados, falsetas… llegadas desde Sevilla y que mostraron, igualmente, una gran alegría por mostrar ese arte ‘Made in Triana’ despidiéndose padre e hijo por bulerías.

 

 

Texto: Isidoro Cascajo
Fotografías Sandy Korzekwa

 

 

 

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