Cancanilla de Málaga: maestría, compás y espontaneidad en Paymogo
La Peña Flamenca El Contrabando de Paymogo abrió su temporada con dos artistas de categoría: Cancanilla de Málaga, acompañado por la guitarra de Antonio Soto Arjona.
La incombustible y polivalente Yolanda, encargada de la presentación, agradeció la presencia de otras peñas, medios de comunicación y del público que llenó la sala. También destacó la extraordinaria labor del Aula Flamenca de Paymogo, cuyos alumnos vienen obteniendo importantes resultados en concursos flamencos y de fandangos de Huelva, además de recordar la trayectoria ascendente de su buque insignia, la cantaora Consuelo Haldón.
Cancanilla subió al escenario agradeciendo regresar a la provincia de Huelva después de once años. Comenzó por soleá por bulerías, dejando muestras de su maestría y conocimiento: lanza los tercios y los recoge con precisión, dotándolos de enorme belleza.
Continuó por tientos-tangos, dedicados a la cantaora Filo de los Patios, presente entre el público y compañera de profesión del artista desde hace muchos años. Hubo cambios y giros preciosos e incluso se permitió llevar la letra de una malagueña al terreno de los tangos.
Llegó después la caña, no sin advertir, con mucho arte, que la personalizaría para adaptarla a sus cualidades. Y por bulerías el maestro se olvidó de todo: apareció la espontaneidad, el aje, el compás y hasta el baile.
Antes del descanso dejó otra perla: «Un descansito y a gastar dinerito en la barra para la peña». Carcajada general y público rendido ante su simpatía.
La segunda parte nos devolvió a la profundidad con soleares, recorriendo diferentes estilos y acordándose, entre otros, de Juan Talega. Después miró hacia su Málaga con “dos letritas”, una de Chacón y otra de El Mellizo. Esta última, personalmente, me pellizcó y me llevó inevitablemente a Pericón. Bendita sensibilidad.
Todavía hubo diversos estilos de fandangos naturales a capela, interacción constante con el público y un cierre por bulerías cargado de nuevos jueguecillos de compás prodigioso y baile.
Antonio Soto Arjona estuvo magnífico a la altura de lo vivido. Su guitarra fue rítmica, rica en falsetas y, cuando había que amarrar, siempre al servicio del cantaor. Atento, respetuoso y serio -aunque con Cancanilla resulta difícil no sonreír-, nos regaló además un solo con evocadores aires mineros.
El público lo despidió en pie con un sonoro y amplio aplauso.
Una noche fantástica que sigue estructurando para consolidar a Paymogo como una de las plazas flamencas donde mejor se está trabajando por este arte.
Pedro Limón para Flama




