Opinion

Juan Tamariz, mago

6 marzo, 2018

Soy un apasionado del flamenco, desde niño. Tenía un gran amigo maravilloso, Enrique Morente. ¡Qué flamenco era! Viajando por mi trabajo me he encontrado a Paco de Lucía un par de veces en Colombia y en Argentina. Me preguntaba: “¿Juan que hase aquí?”… Y nos reíamos.

Tengo una hija pianista de jazz, que toca mucho flamenco. Cuando yo era pequeño en Madrid, no había flamenco nada más que en los tablaos, pero en el Teatro Alcalá hacían un festival una vez al año, justo enfrente de mi casa. Iban muchos gitanos, con sus churumbeles, un ambiente muy bonito. Y todavía el flamenco no estaba muy reconocido, cuando yo estaba en la escuela de cine, que era una época muy cultural, y me decían los amigos: “Juan, ¿de verdad te gusta el flamenco?”. Y se reían de mí, decían que “hay que ver las cosas que tienes”. Luego me he encontrado a estos amigos, y ahora les gusta el flamenco. Un ejemplo de cómo ha cambiado la percepción del flamenco en el mundo. Tampoco he creído nunca que las cosas porque entren en la CULTURA, pues sean mejores o peores, son iguales, pero hay una percepción distinta. Al principio, el cine decían que era un espectáculo de barraca de feria. Y ahora el cine es el ARTE.

Creo que el flamenco está muy bien que haya entrado en una forma de entenderse desde la sociedad. La Niña de los Peines cantaba como Dios, la aceptasen o no en ese momento. Me dio muchísima pena que muriera Chano Lobato. Yo iba a Cádiz y lo veía a él y a Pansequito. Chano era grandioso. A veces en mis viajes por el extranjero algunos me halagan diciéndome que les recuerdo a los flamencos.

Alguna vez he hecho magia en alguna peña de Cádiz, combinando flamenco y magia. Cante y magia. Hay un fácil enganche y una coordinación muy buena. Por el tema de la improvisación. Algún día habrá que hacer algo así.

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