Opinion

Imanol Arias. Actor

1 agosto, 2018

El autor Pedro Atienza fue un gran amigo que encontré en Alcalá de Henares, en una hora de la noche en la que, como él decía, los flamencos se dicen las cosas con los nudillos y la garganta en carne viva. Él tenía una especie de novela en primera persona, La vida a palos, que era un recuento de anécdotas y vivencias de mucha gente del flamenco. Él quería que lo hiciera yo. Lo intenté en el Bellas Artes una noche y pensé: “Qué mal lo he hecho”. Así que me sentí incapaz. Él, durante años, me llamaba y me decía que era un cagao. Poco antes de morir, me volvió a llamar y me envió de nuevo el texto, que había cambiado. Aparecían temas como el reencuentro, el cicatrizar ideas… y lo vi claro.

Sí, yo me he sentido muy querido por el mundo flamenco. Con Antonio Carmona he tenido una amistad fraternal, Niña Pastori me ha cantado Cai a la oreja… que es una de las sensaciones más hermosas de mi vida. Nunca me he sentido parte de ellos, pero sí espectador privilegiado. Y yo creo que este es el primer texto sobre la forma de vivir de los flamencos.

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