Opinion

Andreu Buenafuente. Presentador y humorista

6 julio, 2016

Mi familia procede de Andalucía. Mi padre solía canturrear flamenco cuando conducía su coche, en aquella España lenta y polvorienta de los años sesenta, cuando soñábamos en ser mejores. Recuerdo que me preguntaba de dónde salían todas aquellas canciones. Comprobaba cómo le brillaban los ojos a mi padre. Pegaba suavemente en el volante para no perder el ritmo. Le cambiaba el carácter y hasta el espíritu. Era algo mágico. Viajábamos al sur desde Cataluña y la música nos iba dando la bienvenida, nos abría las puertas como un pasaporte.

El flamenco es de la gente, del pueblo. Por eso está enraizado hasta los más profundo de los corazones y de la personalidad de miles y miles de gentes. Por eso es eterno. Porque emociona, porque congela el tiempo y concentra en un solo compás la vida de Andalucía. Lo bueno y lo malo. Como la vida, que tiene de todo.

Mi preferido es Morente. Antes de escucharlo ya te va a cambiar la vida. Cada vez que lo escucho, descubro nuevos matices y me acuerdo de mi padre, de aquellos viajes, de la sangre alterada por las coplas que nos conducen a la felicidad.

Comentarios (0)

Publicar comentario

Name
Email