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Yerbabuena rellena el vacío del Villamarta en la inauguración del Festival de Jerez 2021

7 mayo, 2021

El estreno de Eva Yerbabuena en el Teatro Villamarta con motivo de la apertura del Festival de Jerez 2021 se prolongó más de dos horas en la noche de ayer. Y no se hizo excesivamente largo hasta los últimos 20 minutos…

«Solo queda el vacío y esas breves huellas que señalan su existencia». Este es el texto que abre el dossier de la obra Igual que tu, la que levantó el telón del XXV Festival de Jerez, que celebra sus Bodas de Plata entre mascarillas, geles y sillas vacías, precisamente.

Ese texto creo que expresa muy bien lo que presenciamos anoche. Este contexto de vacuidad actual hace evidente la necesidad de que el flamenco debe asirse a su sino. El vacío existencial de un arte que está cerrando un ciclo (en el que la covid ha ayudado) y que, por ende, abrirá otro. ¿Faltan referentes?

El flamenco es una música muy localizada en un territorio y en un ambiente bastante particulares. Ha brotado de forma espontánea, de la misma tierra, a lo largo de estos dos últimos siglos y enraizado en una serie de parámetros ‘aprendidos’ a través de vivencias. «Y los gitanos en sus carros cantaban por soleá, y los niños en silencio aprendían el compás»… como cantaba el mismísimo don Manuel Molina, que en gloria esté. Me acuerdo de estos versos porque el flamenco que viene no acarrea ese contenido ni esa fuerza étnica o, al menos, local/social/vivencial. Porque el flamenco es GLOCAL, es un producto, un arte, muy local, pero de consumo global. Por eso mismo, por su riqueza musical, pero también por su fuerza racial e impulsiva típica del carácter andaluz.

Luis Moneo… el sabor de la tierra

En un punto, el dossier indica «(…) conoceré el sabor de la tierra (…)». Y anoche Luis Moneo daba la sensación como de ser el ‘defensor’ de esas palabras, de la pureza, de esa tierra yerma donde «estuvo mi casa», como dice el texto. Después de bastante tiempo con sonidos de música contemporánea, entre la ópera, cámara y el recital poético, cuando sonaron los ecos de un Moneo en el Teatro Villamarta de Jerez, aquello era otra cosa, se me erizaron los vellos con la soleá de los panaeros de Alcalá. Y el mismo público se entusiasmó y se vino arriba jaleando. Parece que el solar que emulaba el escenario recobraba vida, la tristeza se convertía en alegría (perfectamente expresado por bulería por soleá) y ese terreno deshabitado recobraba sentido, de flamenco, de verdad. Parece que al público le gustó más la antigua realidad que la que está por venir… (algo que llevo observando en los últimos 25 años).

Entre cambios de ‘roles’, Eva, por rumbas, parecía emular en varias ocasiones a la genial bailaora catalana, Carmen Amaya. Pantalones prietos, baile impulsivo y con esas formas tan características de la de Somorrostro. Lo que contrastaba con los sonidos del ‘derribo’, con la intelectualidad, que puede que tumbe, en cierta forma, esa impronta tan característica (hasta la fecha) del flamenco.

Fue un espectáculo bastante largo y profundo. Muchos detalles eran evidentes y se entendían… otros no tanto. En un momento pareció que sonaba una granaína con taranta, que creo de un paisano de Eva, Enrique Morente. Por lo tanto, dentro de la vanguardia, la granaína bebe en ese solar donde se encuentra manantial que una vez fue su casa… Una interpretación en un baile sobrio, desde la forma, al fondo y el vestuario. Mucho gusto también, todo hay que decirlo. No se perdía comba de lo que acontecía sobre el escenario.

La libertad expresiva que se muestra actualmente en los festivales flamencos indaga constantemente en la abstracción y simplificación de las formas. Por un lado, muestra la libertad y vitalidad que ofrece el flamenco, ya sean ética o estética. Desde luego, a través de esta heterodoxia me da la sensación de que el flamenco quiere ser algo más, y para eso tiene que ser domesticado. Cuanta más aceptación tenga (cumplimentando más requisitos exógenos), menos auténtico será ¿?

Abstracción vs Vivencia

El intelecto y la abstracción frente a la vivencia y la concreción de unas formas muy marcadas. Por lo que general, el artista nace… por lo tanto, la vivencia es fundamental para dar forma a ese arte que viene innato, lo que deriva en abstracción a partir del conocimiento. El flamenco siempre ha bebido de la sociedad/familia, por eso recibe tan bien estos avances eclécticos en pro de un flamenco fusión y global. ¿Estamos poniendo al flamenco de moda (cuando se defiende solo); es realmente ético para con los cánones que dieron vida a este arte? Estas preguntas existen desde el mismo nacimiento del flamenco, y que Demófilo, el padre de los Machado, ya se planteaba en el siglo XIX. Aunque ahora vivimos un momento algo más complejo… o eso nos parece.

¿Estamos cambiando los sones de los pájaros y esas carrozas de gitanos por sintetizadores? Pues me parece bien. Y además, es una corriente artística interesante y valiente, ya que se enfrentan a un público que, a día de hoy y según lo que se observa, prefiere el flamenco tradicional. O al menos eso es lo que se percibe en veladas como la de anoche. Miedo ante lo nuevo versus Alegría de escuchar lo conocido. Todo un clásico no solo pertinente a la música.

Da la sensación que estamos ante una despersonalización del flamenco. Está perdiendo personalidad en sus cantes/bailes/artistas (no digo los popularmente conocido como palos), lo que se lleva augurando desde hace décadas. «Parece que todos cantan igual»… un comentario escuchado hasta la saciedad. ¿Por qué todo suena igual cuando más instrumentos (tecnología) hay? Parece que se han alterado las percepciones de esas vivencias que crearon escuela, por lo que el sentimiento de ‘separación’ de los procesos es real. Pero claro, se cae en un estado de que hay que crear. Y el flamenco se crea a partir de la sociedad. O de ese solar que nos mostraba anoche Yerbabuena en el estreno de su nueva producción. El sonido placebo (minimalista) se revoluciona cuando aparecen las formas jondas. Y los sones de Jerez fueron los más aclamados anoche, cuando se notaba al público más cómodo… en ‘su’ ambiente.

Puede ser que el flamenco baile desde el corazón, impulsivo, sin pasar por la mente… desde el amor. En cambio, la parte heterodoxa y contemporáneo-experimental parecía más mental, y por ende, directamente del ego, de donde precisamente parte el miedo en el ser humano. Desde el miedo se analiza y se compara, desde el amor se vive el momento y se abraza. El amor empatiza, la mente separa.

A lo largo del siglo XX han tenido lugar varias corrientes artísticas dentro del flamenco… y algunos flecos se han quedado. Pero lo que parece que perdura en el tiempo es la autenticidad. Lo efímero y experimental, a veces, queda en eso, en el sueño de una noche de verano.

Isidoro Cascajo de la Barrera-Caro

 

Imágenes de Javier Fergo, cortesía del Festival de Jerez.

 

 

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