Yerbabuena, ‘magnifique en les Arènes’ de Nîmes
La danza flamenca ahonda en la búsqueda interior, algo que parece que se ha generalizado en las artes escénicas tras la pandemia (que aún sigue latente). Y en el Festival de Nîmes 2023 estas sensibilidades se denotan fielmente en un flamenco experimental, pero que se rebusca en los orígenes.
Re-Fracción (desde mis ojos) es una mirada introspectiva en la que Eva Yerbabuena ha decidido poner orden en su vida y obra: «ha llegado el momento de reconocerme a mí misma: en los ojos del otro». Y parece ser que la granaína ha escogido como compañero a Juan Kruz para esta obra tan íntima como emocionante y catártica. Un espectáculo soberbio con muchas virtudes y algunas sombras… silencios en la oscuridad (literalmente). Que es lo que se pretende con esta obra. Esa sombra imprescindible para que exista la luz. Silencio inquebrantable que suplica un quejío.
El espectáculo comenzó algo tarde e imperó el silencio durante más de 10 minutos. Hasta pasados 20 minutos no comenzó a sonar muy sutilmente la dulce sonanta de Paco Jarana por soleá… y no sabíamos lo que se nos venía encima. Una soleá impresionante de 20 minutos. Eje de «esa piedra que se perdió para buscar su centro», como dice la letra de La Serneta, y en la que Eva se mira cara a cara. Un reencuentro con un flamenco clásico pero ya con un bagaje que le permite equilibrar a su gusto esa difícil balanza entra la tradición y la vanguardia. Y Eva ayer la clavó. Con mucha sensibilidad y con un baile que parecía que era la última vez que se subía a un escenario… o la primera.
Destacar el cante de Miguel Ortega, aunque sus compañeros, Jesús Corbacho y El Turry también lo bordaron. Pero es que Eva estuvo soberbia, y en el remate de la soleá por bulerías el público se vino arriba, escuchando olés, o algún «magnifique», como dijo mi vecino mientras se removía en su butaca.
Pilar Amalé con su viola de gamba crea ambiente sefardí acompañándose ella misma al cante, para contemplar una danza a dúo, por Eva y Juan… posteriormente, la granaína se marca unos tangos con bata de cola. Por su parte, El Oruco dejó un rastro extraordinario en su reducida intervención, que supo a poco. Mucho arte.
Miguel Ortega se rompe por siguiriyas para una Eva insaciable, con muchas ganas de reencontrarse con un baile con mucha solera dentro de su creación. Se rebusca por siguiriyas, a pies quietos, redescubriendo la raíz desde la vanguardia.




