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Vibrante edición del Festival Flamenco organizado por la Peña Flamenca de Manlleu

21 junio, 2019

La sala a reventar, el público con hambre de flamenco y los artistas poniendo el alma y el corazón en la 33 Edición del Festival Flamenco de Manlleu. El inicio de la noche fue a ritmo de bulerías con los cuadros flamencos de la entidad Sinlache y Sal y Pañí con coreografías de la profesora Nieves Martínez de la escuela de baile de la peña. Le seguirían los saludos de Jesús Ferrer, actual presidente de la entidad, que resaltaba la labor de todos los socios de la peña para mantener la llama del flamenco durante todos estos años y daba las gracias a instituciones, Asociación de Vecinos del Barrio de l’Erm y a todos los aficionados que se desplazaron de la zona metropolitana de Barcelona y del Bages para presenciar lo que sería una noche de estas que crean afición y adicción.

El joven cantaor Samuel Serrano (Chipiona, Cádiz, 1994) fue el encargado de abrir la noche con su eco gitano, añejo y desgarrador. Estaba muy contento de estar en Manlleu y lo demostró por alegrías, soleares, tarantos, bulerías y seguiriyas, repertorio donde desarrolló grandes pasajes y los sonidos oscuros que recordaban su tierra gaditana, la fuente donde él empezó a beber flamenco. Le acompañó el gran guitarrista catalán Juan Gómez Chicuelo. Era la primera vez que compartían escenario, pero conectaron formidablemente y llegaron a un público que se sobresaltaba entre quejios y falsetas.

Los Cuadros flamencos Raices y Sal i Pañí abrieron una segunda parte por alegrías y tientos tangos con los jóvenes valores de la peña que levantaron más los ánimos del público para dar paso y recibir con una ovación al cantaor Rafael de Utrera (Utrera, Sevilla, 1973). Cantaor novedoso en sus cantes, por la manera de ejecutarlos, con matices diferentes y sonidos que le permiten hacer dentro de un cante varios estilos, y así empezaría su paseo por soleares.  Agradecía al público el respeto y el calor que le transmitía, que le permitía gozar y hacer gozar del cante. Siguió por Tarantas que finalizarían acordándose del poema La Tarara de Federico García Lorca, hipnotizando al público, aires de cantiñas, tientos Tangos que Chicuelo acompañaría atento en cada uno de los tonos con notas, falsetas, cierres y contratiempos para darle a Rafael todo lo que necesitaba para exprimir todas sus facultades.  Finalizarían por bulerías acabadas por copla que arrancarían la ovación, en pie, del público, que le obligó a cantar por fandangos, rematados con una letra por bulerías para que Juan Mateo percusión de palmas, pero de oficio bailaor, nos deleitara con una pataíta por bulerías. En definitiva, una noche descomunal desde los ecos más añejos de Samuel Serrano a la originalidad de Rafael de Utrera. Resaltar que en toda la actuación se contó con los dos percusionistas a las palmas, Diego Gómez y Juan Mateo, pusieron un excelente compás en cada uno de los cantes rítmicos.

Texto e imágenes: Diego Valle

 

 

 

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