Tres orillas y un mismo paisaje: Riqueni, Ries y Moura
Rafael Riqueni y Tim Ries encuentran en el Festival Flamenco On Fire de Pamplona un territorio común entre flamenco y jazz que Ana Moura y Gaspar Varela prolongan hasta el fado.
El encuentro entre Rafael Riqueni, Tim Ries y Ana Moura en el Teatro Gayarre tiene una historia que comienza mucho antes de que coincidieran sobre un escenario.
Tim Ries, saxofonista de Detroit vinculado desde hace más de dos décadas a The Rolling Stones, descubrió a Ana Moura buscando discos de fado en Tokio. Fascinado por su voz, la invitó a participar en The Rolling Stones Project, su relectura jazzística del repertorio de la banda. Moura grabó Brown Sugar y No Expectations. En 2007, durante una visita de los Stones a Lisboa, el grupo acudió a escucharla a una casa de fados de Alfama. Al día siguiente, Mick Jagger la invitó a cantar ‘No Expectations’ ante unas 30.000 personas en el estadio José Alvalade.
Casi veinte años después, aquella canción iba a convertirse de nuevo en lugar de encuentro.
El otro camino hasta Pamplona parte de Sevilla. El interés de Ries por el flamenco, que anteriormente lo había llevado a colaborar con artistas como Sara Baras, Estrella Morente o María Terremoto, desembocó hace unos meses en su encuentro con Rafael Riqueni. Tras un primer concierto juntos en Madrid comenzó a tomar forma una relación musical que va mucho más allá de sumar guitarra flamenca y saxofón de jazz.
Eso quedó claro en Flamenco on Fire. Ries no lleva a Riqueni hacia el jazz. Es la propia música de Riqueni la que contiene espacios en los que el jazz puede entrar.
Buena parte del repertorio recorrió ‘Parque de María Luisa’, con piezas como ‘La Glorieta de Bécquer’, ‘Tiempos pasados’ o ‘El estanque de los lotos’, junto a composiciones de ‘Nerja’ como ‘El loco’ y ‘Domalabara’. Sobre ellas, el saxo y la flauta de Ries construyeron un segundo discurso que no modificaba su naturaleza, sino que revelaba posibilidades que parecían estar ya dentro de las composiciones.
El lirismo de Riqueni, su libertad armónica, la huella impresionista y una concepción de la guitarra en la que la emoción prevalece sobre la exhibición permiten que la improvisación de Ries encuentre un espacio sorprendentemente natural. Riqueni conserva la raíz; Ries amplía el paisaje.
La aparición de Ana Moura y Gaspar Varela abrió una tercera orilla. La voz grave y profundamente expresiva de una de las grandes figuras del fado contemporáneo encontró acomodo en una música con la que comparte cierta relación con la memoria, la melancolía y la emoción contenida.
Especialmente hermoso fue el diálogo entre Riqueni y Varela. El joven músico portugués, una de las figuras destacadas de la nueva generación de la guitarra portuguesa, contrapuso el brillo metálico de su instrumento a la profundidad de la guitarra flamenca. Ninguno necesitó acercarse al lenguaje del otro: precisamente de la diferencia nació el encuentro.
Y entonces llegó ‘No Expectations’. La canción que había unido a Ries y Moura y que la portuguesa había cantado junto a Mick Jagger en Lisboa reaparecía ahora en manos de cuatro músicos de procedencias muy distintas. Una composición de los Rolling Stones terminaba enlazando jazz, fado y flamenco.
El viaje funcionó también en sentido contrario. Moura se acercó al flamenco con los tangos granaínos de Pepico; Riqueni regresó a la raíz con una soleá por bulerías; y Ries llevó la improvisación hasta el patio de butacas durante ‘Higher Ground’, de Stevie Wonder, recorriendo el teatro con su saxofón entre el público.
Con todas las localidades agotadas, el Gayarre terminó entregado a un concierto que había comenzado desde la intimidad y fue creciendo hasta convertirse en una celebración colectiva.
‘Tres Orillas: Sevilla, Detroit y Lisboa’ encontró su sentido precisamente porque ninguno de sus protagonistas dejó de ser quien era. No hubo necesidad de fabricar una fusión. Hubo cuatro músicos escuchándose.
Y en el centro permaneció la música de Rafael Riqueni: suficientemente arraigada para no necesitar demostrar su condición flamenca y suficientemente libre como para permitir que un saxofonista de Detroit, una voz de Lisboa y una guitarra portuguesa entraran en ella y encontraran un lugar propio.
Cuatro músicos llegados desde lugares distintos descubrieron en Pamplona que, al menos durante una noche, podían habitar el mismo paisaje.
Reportaje gráfico: Miriam Morro para Flama




