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Terremoto marca ‘huella’ en la Alameda en la XX Bienal de Sevilla

18 septiembre, 2018

La actual matriarca y principal exponente de la dinastía de los Terremoto de Jerez es María Fernández Benítez (Jerez, 2000). Desde que se subiera a los escenarios junto a su padre Fernando (amigo del que escribe; DEP) a los nueves años en la Tertulia Flamenca Fernando Terremoto, se ha hecho con el testigo de uno de los ecos más genuinos de Jerez. Y a honra lo airea a los cuatro vientos. Como hizo la noche del pasado 16 de septiembre dentro de la XX Bienal de Arte Flamenco de Sevilla en el Teatro Alameda, acertadamente reconvertido en un Café Cantante de principios del siglo XX.

Comenzó con unos cantes de trilla, en la presentación de su primer trabajo discográfico, La huella de mi sentío. Un nombre tan simple y sincero como su cante. Es todo un placer observar que todavía queden en Jerez familias y representantes de esta categoría, que hacen del flamenco tradicional su bandera, como fidelidad a ese aprendizaje que ha habido en su familia durante un siglo aproximadamente. Y ese respeto y honradez para con su abuelo Terremoto de Jerez, y a quien ha vuelto a poner en la actualidad jonda, al igual que el mismo padre de la criatura, nuestro Fernandito Terremoto.

Esta joven promesa jerezana mostró un poderío y una fuerza que, si no fuera porque sabemos de donde viene, nos hubiera causado una gran sorpresa. Saber estar, potencia modulada de voz, se acompañaba al baile, dirigía a ocho personas en el escenario como lo que ha vivido desde que estuviera en la barriga de su madre. Y es que se nota, de casta le viene al galgo. Hizo una canción por bulerías emotiva y sincera, Luz en los balcones. Y siguiendo el programa a rajatabla, hizo unas malagueñas rematadas por unos destacables abandolaos. Algo que llamó mucho la atención, y más después de las muchas incursiones vanguardistas en estos días de Bienal, es que el público no pestañeaba. Hacía mucho tiempo que no veía una cosa igual. El público estuvo en pie aplaudiendo la mitad del espectáculo. A continuación, y sin desperdicio, se pegó unas alegrías con una naturalidad, que parece una virtud endémica en el mundo del cante; y en peligro de extinción. Las dedicó al compositor de las mismas, “mi primo Antonio Agujetas”. ¡Qué saber estar! Lo complejo lo hace sencillo. Después, tangos, en los que el público no paró de jalear; y posterior recital de guitarras por bulerías, Nono Jero y Fernando de la Morena hijo.

Y aparece otro gran cantaor de la actualidad, Pedro El Granaíno, quien se cantó la zambra de Caracol en plena Alameda de Hércules. A escasos metros de la escultura del genio sevillano. Otra gran voz del cante gitano. Y María salió con su traje para bailarla. Era un reto constante. No se podía uno imaginar qué más podría hacer la jerezana para sorprendernos y poner los pelos de punta. Le faltó tocar la guitarra y mover los focos. Con Soníos de Bronce, soleá por bulerías de su último trabajo, fue pa partirse la camisa. A nudillos y sobre una mesa que había instalada en el escenario, un poco más al fondo. Por tientos, compás sobrio. Poderío a lo Paquera de Jerez, a quien me recordó en varias ocasiones con esa actitud de comerse el público; no muy de moda en la actualidad. Parece que ahora se juega más al escondite: ¿flamenco, no flamenco? Mientras otros deshojan la margarita, María se cantaba al baile arrancando los olés a tiempo de un público que no perdía comba de lo que acontecía; no quedaba otra ante la entrega de la cantaora.

En el cante por siguiriyas, eco jondo y profundo. Fuerza. Sorprendente el toque gitano de Nono Jero. Precioso. Y otra sorpresa antes de acabar la noche: los fandangos que se cantó María fueron casi de lo mejor del recital; aunque no es un cante que se prodigue mucho en la tierra del vino fino, volvió a rematar la faena. Dos orejas, rabo y vuelta a la Alameda. Parece que los ecos de Jerez recuperan su vida y animan a la afición jonda.

Texto: Isidoro Cascajo de la Barrera-Caro
Fotos: Óscar-Romero

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