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‘Soy Gitano’: Un cierre majestuoso para la IX Bienal de Flamenco de Málaga

6 agosto, 2025

Con el cartel de «todo vendido» y la presencia de mil espectadores, el Auditorio de Rincón de la Victoria fue el escenario elegido para clausurar la IX Bienal de Flamenco de Málaga, un viaje de 72 días por los paisajes sonoros y emocionales del arte jondo. Bajo la presentación de Manuel Curao, el público asistió a una noche de emociones intensas, recuerdos imborrables y arte en su máxima expresión.

La velada comenzó con un emotivo vídeo resumen de lo que ha sido esta novena edición: estrenos, encuentros, clases magistrales, campamentos flamencos y actuaciones que han llevado el flamenco hasta los rincones más recónditos de la provincia malagueña. Con voz pausada y mirada cómplice, Manuel Curao cerró el vídeo con un “Ahí queda eso… y lo que está por venir”, antes de dar paso al recuerdo de su crónica “La noche que la Isla se quedó sin café”, evocando el último adiós a Camarón de la Isla. “Un recuerdo al genio que emergió de la necesidad y acabó coronado como el sultán del duende…Málaga fue clave en su vida”, recordó Curao.

La noche homenajeó precisamente esa figura: la de Camarón. Y para ello, se dieron cita las dos voces más camaroneras del flamenco actual: Duquende y Pedro El Granaíno, herederos del eco y el lamento del de San Fernando. Acompañados por la Orquesta Sinfónica de Málaga, dirigida por el maestro Rubén Díez, y bajo la dirección musical de Jesús Bola, dieron forma a un espectáculo titulado “Soy Gitano”, concebido como un recorrido emocional por la vida y obra de Camarón.

La apertura fue sobrecogedora: la célebre Nana del caballo grande, interpretada a dúo por Duquende y El Granaíno, flotó sobre los arreglos sinfónicos con una sensibilidad estremecedora. Luego llegaron los tientos-tangos, fandangos abandolaos  que hicieron vibrar al auditorio, entre ellos piezas como La leyenda del tiempo totalmente instrumental por la orquesta y Romance del amargo.

Uno de los momentos más impactantes de la noche lo protagonizó Farruquito, que irrumpió en escena con una actuación profundamente emocionante. Su baile fue puro nervio y raíz, con un lenguaje corporal que parecía invocar a los ancestros del compás.

Pedro El Granaíno estremeció con su interpretaciones, mientras que Duquende elevó el duende con unos tangos en los que el público, entregado, llegó a corear el famoso estribillo “Lere lere lere lela” en una suerte de comunión colectiva entre escenario y graderío.

Parecía que todo había terminado tras un falso fin de fiesta por bulerías, pero los artistas regresaron con más fuerza: Soy fraguero, soy fraguero, cantaban mientras subían al escenario cantaores, guitarras, palmeros y la orquesta al completo. El broche lo puso un vibrante popurrí de temas que Camarón inmortalizó y que ahora volvieron a latir en las gargantas del público.

El cierre, cómo no, fue con “Soy Gitano”, interpretado por todos los artistas en escena, con un crescendo instrumental y vocal que dejó al auditorio en pie, entre vítores, palmas y lágrimas contenidas.

“Soy Gitano” no fue sólo el título de un espectáculo. Fue una declaración de identidad, un homenaje coral al legado de Camarón y un cierre inolvidable para una Bienal que se ha consolidado como uno de los grandes faros del flamenco contemporáneo.

Laura di Benigno para Flama

 

 

 

 

 

 

 

 

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