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Riqueni y Marín, la vida y la muerte en los Premios Giraldillo de Sevilla

25 abril, 2021

Dos artistas sevillanos (Triana & Macarena) coparon el fin de semana escénico dedicado a los Premios Giraldillo, galardones que entrega la Bienal de Flamenco de Sevilla a las interpretaciones artísticas seleccionadas dentro de la programación de este festival, considerado el más importante del mundo del flamenco. Don Rafael Riqueni obtuvo el Giraldillo Ciudad de Sevilla en esta última edición; mientras que Andrés Marín recibía el del Baile por segunda vez (el otro, en 2010).

Al haber asistido a ambas representaciones, y los dos ser artistas sui generis, sevillanos y compartiendo fin de semana, no he podido evitar hacer ciertos paralelismos. Ambos genios parece que se encuentran en dos ciclos vitales/creativos antagónicos, a pesar de la homogeneización a la que nos empuja la Covid-19, en la que todxs ‘compartimos’ una serie de ‘situaciones’ estándar (como el confinamiento o el uso de la mascarilla).

En la música, al igual que en la vida, hay una pulsación… y en Andrés Marín capté el pulso del caos, de la muerte… en su interpretación del pasado día 23 en el Lope de Vega de su Jardín Impuro. Una impureza y una vanguardia inspirada en el folclore y la ‘grosería’ más tradicional, porque la conoce. Por su parte, Rafael Riqueni anoche en el Teatro Maestranza fue pura vida, sonidos de Parque de María Luisa que se entrelazaban con Suite Sevilla. Un canto y una alegoría a la música contemporánea andaluza, a su ciudad… quien puede que ya pasara otras pulsiones (ciclos inevitables) y que se encuentra en ese renacer creativo al que asistimos en la tarde de ayer. En la Soleá de los Llanos y Triste Luna debo reconocer que se me humedecieron los ojos, interpretada magistralmente por don Rafael. Y es que los compases flamencos sonaron justo después de escuchar a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS) en solitario. Parece que en los contrastes se esconde mejor el duende.

Triana vs Macarena

Uno busca una especie de caos a través del descenso inconsciente al «jardín impuro», como indica el mismo macareno, y lo materializa a través de minimalismo,  sonidos estridentes, mucha percusión, giros eléctricos (paradójica deconstrucción)… Aunque hubo momentos verdaderamente ‘puros’ y graciosos, en los que se denotaba el saber y la vida. En un momento, La Tremendita le jalea: «baila para Sevilla», por bulerías a lo fin de fiesta gitana.

El trianero, por su parte, es pura vida, recordándonos que antes de este proceso catártico hubo un origen del que bebió el flamenco más culto (Falla, Turina, Granados o Albéniz), recordando melodías en armonía con la naturaleza y la vida, el Eros (la creación). Por otro lado, tenemos el «exilio del flamenco», como el mismo Marín indica. Es la búsqueda del estado inerte (se espera renacer), de la «aventura»… ¿Hay vida en la inercia?

Después del caos inducido (destrucción instintiva) se supone que hay un nuevo albor. A veces el que busca no encuentra… en cambio, el que guarda halla. Soberbia o humildad, vida o muerte… son decisiones que en el arte cada una sucumbe a eso, a su pulsión (y surge un nuevo ciclo). Freud lo teorizó inspirado en la mitología: Eros y Thanatos.

Isidoro Cascajo de la Barrera-Caro

 

 

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