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Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla, un encuentro único cara a cara con el flamenco

13 julio, 2016

Nada más entrar en La Puebla de Cazalla (Sevilla) el pasado sábado, 9 de julio, las calles olían a flamenco. Carteles por todas partes indicando la dirección hacia La Fuenlonguilla, donde tendría lugar uno de los festivales más auténticos del verano, la Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla. Un pueblo volcado y viviendo el flamenco durante toda una semana.

Nada más llegar a la Hacienda, el olor de tomillo y romero, que en tantos cantes aparece, es muy llamativo. Tomillo viene de una palabra griega que significa valiente. Y sí que hay que ser valiente para cantar aquí, en uno de los festivales más jondos del panorama nacional. Pero tambien para escuchar y disfrutar hasta las tantas de la noche…

El primero que subió al escenario fue el guitarrista Manuel Herrera. Si la guitarra pudiera hablar, cantaba flamenco. Herrera toca con una facilidad y tranquilidad los acordes más complejos, y suenan en su mano como simples melodías.
Luego Rubito Hijo comenzó por malagueñas con remate por fandangos, de Frasquito Yerbabuena. Con este cante, el sevillano pudo mostrar la cantidad de melismas que  salen por su garganta, seguido por un fuerte aplauso del público que abarrotó, como cada año, la Hacienda La Fuenlonguilla. Hizo un recital cabal que siguí con soleares, alegrias y siguiriyas.

Y llegó la fiesta con la gran matriarca del cante malagueño, La Cañeta de Malaga. Su paso fue inolvidable. Con sus 85 años sigue siendo una cantaora, bailaora e interpretadora. Su conexión con el publico es instantánea.
Cantó unos tientos tangos de El Titi, que los interpretó con una gran capacidad expresiva. La solea por bulería no se quedó atrás, y luego en las bulerias se demuestra que festera es. Bailando, cantando, haciendo bromas con el publico.
Para terminar la primera parte vino Ana Ramirez La Yiya, para reemplazar a José Menese, que no pudo asistir a su cita anual con su pueblo por motivos de salud.
Aunque Ana está embarazada no se notaba en su cante. Su siguiriya fue muy valiente, rematando con cabales. También entonó la mariana  y, posteriormente, una ronda por  bulerías.

La segunda parte la abrió el tocaor Manuel Herrera con un percusionista con un zorongo. Casi se escuchaba la guitarra cantar la letra de Lorca.
La gran bailaora Pastora Galván llevó el guitarrista Rafael Rodriguez El Cabeza, y no como el programa decía, El Perla.
Pastora iba vestida con un traje simple en negro con una chaqueta de torero. Villar canta por siguiriya, Pastora baila con movimientos taurinos, y cambia el ritmo por un fandango canastero, para volver por siguiriya. Ese juego, complicado pero tan original como acertado. Con cambio de ritmo pero con la misma tonalidad.
El segundo cante por soleá, interpretado por Jeromo Segura, mientras Pastora se queda sentada en su silla cambiando algunos detalles. Pone unos delantales de mucho colores, un peine en el pelo, pendientes grandes de oro – pareciendo a la pintora mexicana Frida Khalo – y se quita  la chaqueta.  Cuando baila cambia el ritmo por tangos, luego por marianas. Pastora termina cantando una letra de sevillanas corraleras de Lebrija: Y va la liebre…
El juego entre el baile, cante y guitarra está muy conseguido a pesar de la dificultad.

Para rematar el festival, el gaditano residente en Sevilla, Pansequito, con Miguel Salado a la guitarra.
Aquí pudimos disfrutar de una voz antigua, que rememoraba otros tiempos. Las alegrías muy muy lentas, la guitarra jerezana muy simple.
¡Cómo modulaba la voz Pansequito! Cuando parecía que iba a terminar una letra seguía, y hasta la guitarra parecía que se sorprendida, al igual que el publico.
Rozando las cuatro de la mañana escuchar una taranta era para algún publico un poco difícil.

Y, como no podía ser de otra manera después de tantos años de tradición, todos los artistas subieron al escenario para ejecutar una ronda por martinetes, en la oscuridad. Al igual que cada año, es un momento muy especial en el que todos los artistas suben al escenario (algo que ya no ocurre nunca), y además, con el encanto de la Hacienda, un cortijo andaluz, y a la luz de las estrellas mientras el cante te llegaba como un sueño…

Jorinde Cielen para Flama

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