Recogimiento y coraje en un tablao flamenco
En un tablao de la calle Álvarez Quintero de Sevilla me encontré con un cantaor que aparentaba viejo y un bailaor con furia.
Miré al que cantaba fijamente y me sorprendió que tuviera esa voz vetusta, con quejío del pueblo, con el alma rota en la soleá. José “Tremendo Hijo”, con tan solo 26 años y dos en el camino de los cantes flamencos. Es Hijo de José Guerrero “El Tremendo”, y hermano de Rosario “La Tremendita”, que para practicar ella con la guitarra le decía, “José cántame por aquí, cántame por allí” y era como él dice, “su conejillo de indias”. Desde niño lleva cantando y escuchando cante, rodeado de flamenco, pero no hace mucho se decidió a empeñarse en esto de entonar, con humildad, cultivándose, aprendiendo poco a poco con respeto como él dice. Una voz joven que sabe añeja, que suena cuajá, con mucha flamencura.
Al baile Gonzalo Quintero un bailaor que desde que aprendió a andar ya lo cogía su abuela y le enseñaba a dar sus primeros pasos de coraje y a sentir el zapateo. Alumno de conservatorio pero reciclándose constantemente con Alicia Márquez, Adela Campallo, Juana Amaya, Manolo Marín, Concha Vargas, Farruquito, La Faraona, La Farruca etc., con varios concursos ganados tanto en danza española como en Flamenco, como el primer premio en el certamen de Aniya la Gitana de Ronda. Trabaja con Francis Nuñez, Salvador Távora o Perrate. Baila con genio y con sentimiento, desafiando con su mirada.
Pensamos que solo los grandes artistas, los que están en la cima, en los grandes teatros nos pueden emocionar o decirnos la verdad, pero a veces pasas por cualquier rincón donde se despierta el oído, la seducción y la alegría. Flamencos casi ocultos que quieren agrandarse y envalentonarse con modestia y paciencia pero sin deformar el arte libando de los maestros y de las raíces de esta tierra.
Un rato gustoso, en un lugar inesperado, en el que me encontré con dos artistas de aquí, que me hicieron soñar con jóvenes que siguen la tradición flamenca con responsabilidad y respeto, empezando desde el principio y demostrándonos que no solo los renombrados saben hacer un flamenco de miramiento.
La Bronce




