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Primer fin de semana del Festival Flamenco de Nîmes, entre la heterodoxia de Niño de Elche y Yerbabuena y la música antigua de Rocío Márquez y Fahmi Alqhai

14 enero, 2019

El Festival Flamenco de Nîmes no es solo el festival internacional más madrugador del año, sino que, debido a su importancia, se convierte en un termómetro que sirve para tomarle el pulso a la actualidad, y a lo que queda por ver. Al igual que la sociedad está en una situación constante de cambios y giros, donde parece que lo anterior pierde valor, el flamenco parece que se retroalimenta de lo que pasa en la vida (siempre ha sido así). Y el primer fin de semana del festival confirma esta idea.

 

 

Abrió el pasado día 11 en el espacio Paloma con Niño de Elche (Paco Contreras, Elche, Alicante, 1985). Sin lugar a dudas, nos encontramos con un gran cantaor (ha ganado infinidad de concursos por toda la geografía española) que se está buscando a sí mismo (necesario para todo artista). Está en pleno proceso de introspección, y tendrá mucho que aprender por el camino. La frase que mejor resume su actual forma de entender el flamenco es suya propia: “El flamenco es una heterodoxia que se ha construido como una ortodoxia”. Y en esto basa su nueva obra, Antología del Cante Flamenco Heterodoxo. A partir de aquí, ya hay quienes están a favor y en contra de su tesis sobre la supuesta ‘falsedad’ del flamenco ortodoxo. Claro, esta afirmación, cuan menos, es una bomba. Sobre todo, porque parece ser que si atendemos al pie de la letra, todo lo que ha ocurrido en la ‘supuesta’ edad de oro del cante flamenco ha sido una mentira. No voy a entrar en una polémica que no comparto. Lo cual no está reñido con que me parezca interesante esta propuesta. Destacar la calidad artística y gran conocimiento del flamenco de Paco, y también del guitarrista Raúl Cantizano. Flamenco como experimentación radical y provocadora. Cantando palos clásicos, como la farruca, la siguiriya o la malagueña de El Mellizo, pero deconstruyendo o desconectando analíticamente la estructura conceptual del flamenco. Y vi exceso de soberbia (puede transmitir inseguridad) al afirmar que “espero” no asistir a más festivales de flamenco. Una gran aficionada al flamenco que estaba sentada junto a mí, mencionó varias veces una palabra: “navrant”. La miré en el diccionario y significa “angustioso”. Yo lo vi más como falta de comunicación entre el artista y el público (algunos abandonaron la sala). Creo que es un mensaje muy complejo que no llega. Hay ruido comunicativo entre emisor y receptor; y eso habría que solventarlo, ya que puede (y de hecho acontece) generar malentendidos.

Yerbabuena y sus Cuentos de azúcar

El primer sábado del Festival Flamenco de Nîmes, ya en el Théâtre de la ciudad, abrió el telón con la granaína Eva La Yerbabuena. Una bailaora que está indagando en la melodía nipona a través de la voz mágica de Anna Sato. Fue gracioso, porque algún que otro gabacho (francés), me preguntaba si yo conocía a esa Ana Soto… y alucinaban porque cantaba en japonés. Pero es que no se llamaba Ana Soto, ni era de Jerez. Realmente, no era flamenco, pero era algo envolvente, místico, soberbio. Encuentro de culturas que parecía rememorar a una España donde no se ponía el sol. Además de la voz, la percusión japonesa taiko, ejecutada por Kaoru Watanabe, fue protagonista de la noche. Y poco a poco el flamenco se iba abriendo sitio… entre la niebla (físicamente proyectada en el escenario). Y llegó el cante de dos portentos del cante flamenco joven: Alfredo Tejada y José Valencia, quienes abrieron con una preciosa soleá apolá. Yerbabuena danza de forma sobria y escueta, pero repleta de sentimiento y con bata de cola. Creo que, al igual que en el caso de Niño de Elche, son obras demasiado complejas, y de las cuales el espectador se queda con una pequeña parte. Como ver una película en otro idioma, percibes cosas, pero no llega el mensaje. A partir de la soleá, el público se vino arriba y se escucharon los primeros olés del Festival Flamenco de Nîmes 2019. Cuando el sol se ponía en Japón y se apagaba la voz de Anna, aparecía la luz flamenca y el sentimiento más extrovertido del carácter de nuestra cultura, frente a la contención nipona. A pesar de que el teatro estaba a reventar (800 personas), no se escuchaba un murmullo. La percusión de Rafael Heredia era recurrente pero discreta, en su punto, al igual que la batería de Antonio Coronel.

 

 

La segunda parte del espectáculo fue más flamenca, lo cual se notó en el entusiasmo de los asistentes, lo que desató más agradecimiento en el respetable. Y poco a poco el compás se va metiendo en el sentimiento por tangos, con una escenografía tradicional, con sus sillas de enea y todo. Y la despedida fue por alegrías, con chaquetilla de torera incluida. El público se vino arriba y dejó atrás el mundo onírico de la voz de Anna. Una fusión que hizo que fuera un espectáculo completo, donde la luz y la sombra se daban la mano.

Rocío Márquez & Fahmi Alqhai, en clave de música antigua

Ambos artistas llenaron el Théâtre de Nîmes el pasado domingo 13 de enero, y arrancaron el recital a ritmo de colombianas, un palo que parece creado para la onubense. Voz contenida y melódica… y muy larga. Llegaban recuerdos de Vallejo y Marchena, pero fusionado con la música antigua. No hubo guitarrista, aunque tanto Fahmi como su hermano Rami tocaron en alguna ocasión la viola de gamba en horizontal, como una guitarra al uso. Parece que todo el mundo le da una vuelta de rosca al flamenco. Parece que, hasta la fecha, hay un hilo conductor a lo largo del Festival. De momento, no ha habido un recital de flamenco como tal. Ni mejor ni peor, pero de flamenco tradicional, ni por asomo. Este encuentro con la música antigua en Diálogos de viejos y nuevos sones guardaba agradables sorpresas, como la bambera con letras de Santa Teresa: Muero porque no muero. Emotivo.

 

 

Tuvieron que cerrar el espectáculo tres veces, ante la insistencia de un público ávido de flamenco, ya que el recital parecía que iba por otros derroteros. Pues en los bises fue donde se vio lo jondo. Primero por siguiriyas y, por supuesto, por fandangos…

Texto: Isidoro Cascajo de la Barrera-Caro
Fotografías: Sandy Korzekwa

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