Editorial

Origen y esplendor de la Saeta

6 marzo, 2018

Desde un punto de vista flamenco, la saeta es cante con copla de cuatro o cinco versos octosílabos, que tiene su origen en el aflamencamiento, a comienzos del siglo XX, del cántico popular del mismo nombre y que, fundamentalmente, se canta por seguiriyas, martinetes, soleá o carcelera. Se interpreta por lo general, al paso de las procesiones de Semana Santa y se dirige a las imágenes. Es cante sin acompañamiento, aunque en las grabaciones discográficas suele presentarse con el fondo musical de la marcha religiosa, principalmente el producido por el tambor y las trompetas; a veces se ha grabado también con acompañamiento o fondo de guitarra. El tema de sus coplas es obviamente la Pasión y Muerte de Jesucristo y todas las circunstancias que la rodean, aunque en este aspecto encontramos contadísimas excepciones, como la recogida discográficamente por el cantaor natural de La Puebla de Cazalla, José Menese, en 1976, cuyo contenido letrístico hace referencia a la guerra civil española.

La aparición de la saeta como cante flamenco es posible que devenga de bastantes años antes de su divulgación en los primeros años veinte del pasado siglo XX, sin que se tenga referencia fidedigna de su creador, citándose por algunos teóricos a Enrique El Mellizo (y a otros miembros de su familia) a Manuel Centeno, a don Antonio Chacón, a Manuel Torre, a La Serrana o Medina el Viejo, además de La Niña de los Peines, Manuel Vallejo y La Niña de la Alfalfa, fueron intérpretes muy significativos del estilo en la época de su primer esplendor, junto al que para muchos ha sido su mejor artífice, el cantaor jerezano El Niño Gloria.

Según Luis Melgar Reina y Ángel Marín Rujula, en su obra Saetas, pregones y romances litúrgicos cordobeses: “Las saetas flamencas nacen en el preciso instante en que el cantaor flamenco siente necesidad de dirigirse públicamente a Dios, cantando la antigua tonada, conocida por saeta vieja, y la reviste, inconscientemente, de perfiles flamencos, de expresiones propias del flamenco. La saeta moderna se hace totalmente flamenca, cuando con el tiempo –no en un momento preciso y exacto-, se fue forjando en el misterio patético de la emotividad flamenca. Y aunque Antonio Mairena afirmó que la saeta no fue nunca un cante flamenco (y llegó a grabarla), lo cierto es que el Cante (con mayúscula), no puede ni tiene por que ser hermético y cerrado a iniciativas creadoras, pues la realidad demuestra que cuando se sigue una huella de tradición, se consiguen frutos plenos de valores flamencos. No olvidemos que el tradicionalismo ha sido, más de una vez, fuente de inspiración y no agua estancada “.

Si no tenemos argumentos suficientes para descubrir al autor de las más genuinas de las saetas flamencas, sí para saber que posiblemente la cuna fue Jerez, y que donde alcanza su máxima dimensión artística y flamenca fue en Sevilla.

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