Nómadas, otro teatro flamenco es posible
El teatro flamenco no es nuevo. De hecho el flamenco estuvo presente en las obras teatrales casi desde sus inicios. Pero se movía dentro del género de la comedia costumbrista que, por lo general, abusaba de los tópicos y estereotipos de la cultura andaluza. Lejos de ese tratamiento el teatro flamenco de la compañía sevillana Nómadas tiene como uno de sus puntales el compromiso y la denuncia social, con un claro trasfondo feminista. Podemos comprobarlo en esta nueva obra presentada en el Festival de Jerez, ‘Atrapados’, que gira en torno a cuatro personajes abatidos que solo tienen en común la soledad.
No se conocen y, por avatares del azar, se encuentran en el espacio de un bar cutre de donde, a la manera de los personajes de la famosa película de Buñuel, no pueden salir. Y es precisamente, (según nos informa el programa de mano), su radical soledad la que se lo impide. Una condición a la que cada uno ha llegado por diferentes motivos. Así, mientras que el personaje de la cantaora, Inma La Carbonera, huye de los malos tratos y el de la bailaora, Ana Salazar, representa la soltería a la que muchas mujeres de nuestros tiempos se ve abocada por no encontrar una pareja que respete su independencia, el personaje del bailaor, Juan Amaya El Pelón, representa precisamente a ese hombre incapaz de respetar a las mujeres de ahora, un “macho man” tan ridículo como histriónico que pone el punto de humor característico del lenguaje de esta compañía sevillana. Por último, el personaje del guitarrista Paco Iglesias, que se raspó con suma maestría toda la música de la obra, supone un intento (un tanto fallido) de introducir en el discurso la soledad del artista.
Con esos mimbres Juana Casado ha creado una obra con tintes de teatro de lo absurdo por la que transitan muchos de los males de nuestra sociedad. Y para ello renuncia a la palabra, conformando la dramaturgia con unos versos que suenan al principio y al final en off, las letras de los cantes y las piezas de baile que tanto Ana Salazar como Juan Amaya El Pelón preñan de dramatismo y comicidad, gracias a una interpretación pasional repleta de matices. En ese sentido cabe resaltar que Ana, además de bailar, también nos emociona cantando, sobre todo cuando une su cante al de Inma la Carbonera, que estuvo inmensa durante toda la actuación y nos llevó al paroxismo con su particular interpretación de una conocida canción de María Jiménez. Un homenaje que, por cierto, fue pergeñado antes del fallecimiento de la artista sevillana. Seguro que le hubiera encantado y que, al igual que el público que abarrotaba la sala de ‘Museos de la Atalaya’, hubiera aplaudido de pie con palmas por sevillanas.
Lola Pantoja para Flama
Reportaje Gráfico: Tamara Pastora





