Noches del Botánico se rinde ante el poderío del huracán Rosario
Con su estilo tan propio, la melena suelta y ese carisma especial que mueve multitudes, entraba Rosario Flores al escenario del festival Noches del Botánico la noche del martes ante un público madrileño que nada mas verla, se rendía en aplausos y gritos.
Arrancó por lo más nuevo, el tema del verano que está haciendo bailar a quien lo escuche, por su pegajoso y certero estribillo central: Te lo digo todo y no te digo ná. Las normas sanitarias del espacio, dejaban al público con muchas ganas de ponerse en pie para moverse al ritmo que marcaban desde el escenario los bailaores Juan José Villar y José Carmona Rapico, que además de su excelencia en el taconeo, mostraron sus dotes de percusionistas.
La esencia flamenca y los looks estilo bucanero acompañaron todo el espectáculo, al que no le faltó de nada, ni los temas emblemáticos de la artista que parecen nunca pasar de moda, hasta las nuevas canciones de su último disco. Un recorrido que dejó al público satisfecho y agradecido por la entrega y el duende que tan bien sabe crear la heredera de Lola.
Su imponente imagen de fiera leona, por el porte y el pelazo que a sus 57 puede presumir, contrastaba con la dulzura de los mensajes que la que un día empezó sus andares como Rosarito, lanzaba de cuando en cuando, casi a manera de plegaria, casi a manera de mantra…
“Cuidemos la tierra, cuidemos el planeta, ahora que ya sabemos que se puede acabar en cualquier momento” … “Deseamos esperanza y salud para todos… la vida se trata de otra cosa”.
No podía faltar al cierre el homenaje a su hermano Antonio con los preciosos versos de No dudaría, emocionante momento compartido por su hermana Lolita, que disfrutaba el concierto entre el público. Emocionante también la interpretación en tono blues de Mayté Pizarro, o la jondura de Chonchi Heredia, sus leales coristas, que al igual que el resto de su potente banda, supieron adaptarse a la perfección tanto a los temas más salseros, más flamencos, más clásicos y hasta más reguetoneros… o con tintes al menos.
No queremos guerra, ni injusticias, ni hambre ni enfermedades. Sólo queremos una tierra bonita, repetía Rosario antes de poner a tope la Marcha, que muchos estaban esperando.
Un concierto con lleno casi total en la recta final del Festival, que siempre congrega a gigantes de varios géneros y que tiene en el flamenco una válvula muy especial, aunque no todos entiendan por qué.
Paula Y. Valdez para Flama





