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María Pagés, la teatralización del braceo sevillano en el Festival de Jerez

21 mayo, 2021

La oscuridad se está convirtiendo en un recurso escenográfico en el baile flamenco contemporáneo, y eso se hace evidente, sobre todo en el Teatro Villamarta, eje central del Festival de Jerez, y convertido en laboratorio de la danza flamenca. Aunque, en cierta forma, el luto también forma parte de la Cultura, la oscuridad es un velo, elimina ciertos peligros; pero también información, verdad, autenticidad.

En el caso de Paraíso de los negros, título de la obra – creada para el Festival Cervantino de México – de la bailaora trianera, se pretende una «búsqueda» (aventura) «simbólica» (abstracción)  inspirada en ciertos autores para mostrar sobre el escenario un mensaje encriptado. Lo que lo convierte, a veces, en inaccesible al público.

Aunque la falta de luz también se puede asociar al sueño… en la penumbra del caos onírico, muy arropado por el violín magnífico y esencial de David Moñiz, así como del chelo de Sergio Menen, percusión de Chema Uriarte y la sonanta de Rubén Levaniegos.

Pero de momento, una de las mayores representantes de la escuela sevillana de baile (esos brazos infinitos y retuertos) borró toda la oscuridad para que corriera el aire con el mantón, técnica en la que es muy difícil superar a la maestra trianera. Al igual que en esa búsqueda interior hacia el baile. Pero esa libertad, de repente, se ve coartada por unos barrotes, en forma de cadenas. Como una cárcel que no le permitía disfrutar de sus deseos (según se indica en el dossier). Danza conceptual, muy inspirada en la genial Philippine Bausch, donde las emociones, los sonidos, la escenografía son todo uno, junto al cuerpo, claro está.

Renovación del folclore

¿Quién renueva el arte; los artistas, el pueblo…? En estas muestras de danza flamenca contemporánea el público ya parece algo ajeno a esa manifestación elitista. Son expresiones que se alejan y pierden el eco del pueblo. Es algo inaccesible a ese público. Aunque precisamente, Pagés levantó pasiones en el patio de butacas. No solo gracias a la capacidad expresiva, sino que María lleva una línea muy sólida y contundente. Sus recursos hacen que siempre sea un lujo poder disfrutar de su contorneo, ya sea por tarantos o tangos. A ciertos artistas este flamenco teatralizado les surge de una manera natural; que no oportunista. Además, sin grandes artificios, ya que ella misma posee las herramientas. Los fandangos aportaron una gran jondura al espectáculo; y ese aporte folclórico que tanto llama al duende.

Y las castañuelas y el bastón tuvieron su espacio; dos herramientas clásicas en el baile flamenco, mujer y hombre. Ambigüedad. Pero el saber estar en el escenario hace mucho. A pesar de esa oscuridad, anoche hubo diálogo entre el público y la artista. Algo que ha faltado en muchas obras, y que al humilde juicio del que suscribe, es algo contradictorio con nuestra cultura, con nuestro arte. Un arte endémico que no debe perder su razón de ser. Además, el baile sevillano femenino se caracteriza por ese braceo que María ejecuta como si lo hubiera inventado ella. Sutileza, feminidad, temperamento. Una gran capacidad interpretativa que alberga innata.

Siguiriyas y después fin de fiesta por bulerías, y con un soniquete con el que la trianera se dio una pataíta por Santiago al ritmo del violín y la sonanta.

Isidoro Cascajo de la Barrera-Caro
Fotografías cedidas por el Festival de Jerez. Javier Fergo

 

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