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María despierta el duende de los Terremoto en el Festival de Jerez

26 febrero, 2022

María Fernández Benítez, María Terremoto (Jerez, 1999), pasó anoche por el Festival de Jerez como caballo sin frenos en la hora cuando el duende está a punto de despertar, a las 23 horas en la Bodega de los Apóstoles de González Byass. El espectáculo comienza con la voz en off de Terremoto de Jerez, abuelo paterno de María, y cuando va a terminar, diciendo que el cante más difícil es la bulería, arranca su nieta desde atrás y con velocidad sobre las tablas… por bulerías. Original y con mucha garra, que mostraba lo que ya se vaticinaba entre el público, que iba a ser una noche especial, bajo un título mágico y que impone respeto: Terremoto, un siglo de cante. María parecía dispuesta a todo.

Las palmas de Manuel Valencia, Manuel Cantarote y Juan Diego Valencia mostraron que la velocidad sí tiene que ver con el compás, cuando se cuadra el círculo. Y anoche el ritmo trepidante llevaba en volandas a una María que lo estaba dando todo desde el minuto uno. En los aires de levante que siguieron, mostró que esa velocidad desbocada lidió con la fuerza y entramos en cantes de fuelle, con unos melismas preciosos, que contrastaban con la fuerza del cante que precedió, lo cual fue muy aplaudido… todavía no se había perdido la garra del arranque vertiginoso. Aunque el sonido no ayudaba, las ganas de los palmeros, María y Nono Jero suplieron las pequeñas carencias.

Se presentó, muy nerviosa: «Me crié en Sevilla, pero nací y soy de Jerez». Y tuvo un detalle precioso, que fue acordarse de los ucranianos, y dedicó el recital a todas esas personas que «están pasando tiempos tan amargos» (por la recién inaugurada guerra entre Rusia y Ucrania). Bulerías por soleá. ¡Qué manera de cantar! Templada. Sabe compaginar perfectamente los tiempos. Siguió por tangos… destacando unas letras de La Repompa; muy jaleados entre el respetable, que en Jerez, es conocedor. Y por tangos fue por donde comenzó a lucir en todo su esplendor el toque de Nono, arrancando olés sentidos. Y la Terremoto paseándose con genio y figura por el escenario. No paraba quieta, con arte por los cuatro costados y con un delicado y rotundo concepto del baile gitano de Jerez.

Nono Jero imparable
Parece que Nono cogió protagonismo a partir de los tangos, y ya no hubo quien lo parara… en perfecta complicidad con los palmeros, que tengo que repetir los nombres por méritos propios: Manuel Valencia, Manuel Cantarote y Juan Diego Valencia. Nunca he visto superar la compenetración como lo que mostraron en la noche de ayer. Y todo, acompañando a la que seguramente se convertirá en lo que ya es, una figura del cante jerezano, como lo fueran su abuelo y su padre. Pero es que Nono se pegó unas bulerías solo de esas que merecen ser recordadas a lo largo de los años. Marca de la casa, y de su padre también. Aquí queda todo en familia. ¡Qué capacidad la de Jero para comunicar sentimientos a través de la sonanta! Dejando notas colgadas en el aire de Jerez, para revolearlas a su antojo, aderezadas con un poco de palmas de la tierra.

Y después de la ‘paliza’ que le dio a su compañera de fatigas, Nono Jero la estuvo afinando un rato para la actual figura del cante jerezano, que llena escenario allá donde va (las de anoche estaban agotadas desde hacía días). Canción por tanguillos que precedieron a unas siguiriyas marca de la casa, que mostró la versatilidad de la voz y la falta de limitaciones para expresar su cante. Destacar, además de todo lo mencionado, la perfecta vocalización de María Terremoto (nominada a Premio Odeón Artista Revelación Flamenco 2022), lo que ya hace rizar el rizo. Y Nono despacito y sobrao de soniquete, hilando muy fino.

Diego Carrasco… Se te fue la vida, Fernandito
El recital no es que bajara el nivel, es que seguía manteniendo la atención del público después de una hora. Nadie se movía. Y apareció el Tate Diego entre el público cantando ya al padre de la cantaora, Fernando Terremoto (Jerez, 1969-2010). E interpretaron, a dúo, las letras de Fernandito (en gloria esté) Luz en los balcones… y con la emotividad que se ejecutó, dejó al público sin palabras. Daba la sensación que en ese mismo momento el duende de Fernando sobrevolaba por los Apóstoles. Y María le cantaba a su padre: «Se te fue la vida». Demasiado corazón… y remató por bulerías con unas letras que su padre también frecuentaba… pero que remataba a su aire… «yo nací en Jerez y soy Terremoto también».

Texto: Isidoro Cascajo
Reportaje gráfico: Tamara Pastora

 

 

 

 

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