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Mari Peña y Antonio Moya, profetas en el Festival Flamenco de Nîmes 2018

17 enero, 2018

El Festival Flamenco de Nîmes vivió ayer, en su 28 edición, un emotivo espectáculo, en el que se entrecruzaron, como muchas veces es inevitable en la vida, el arte, la emoción y el cariño a un arte y a sus artistas. Mari Peña y “mi marido” Antonio Moya (como comentaba de broma la cantaora utrerana) “vamos a dar nuestro corazón; porque aquí también tengo a mi familia”, en referencia a que el tocaor Antonio Moya nació y vivió en Nîmes, hasta que allá por los años 90 hizo el camino inverso de su familia, regresó a su tierra familiar, Utrera.

El público, que abarrotó el Théâtre de Nîmes, con capacidad para 800 personas, como cada día durante el festival, estaba expectante. Y hubo algo más que arte, hubo un encuentro esperado. Y pusieron toda la carne en el asador: el pianista Pedro Ricardo Miño, la bailaora Carmen Ledesma, el violín de Faiçal Kourrich, percusión de Paco Vega y los palmeros Rocío del Turronero y Juan Amaya El Pelón fueron los partícipes de esta emocionante cita donde Utrera se daba la mano con Nîmes.

El eco de Utrera estaba por todos lados, al igual que se ve la influencia de Pedro Bacán en el toque de Antonio Moya. Mari Peña dedicaba la noche al director artístico y espiritual del Festival Flamenco de Nîmes, Patrick Bellito, que se jubila este año. Los soníos negros se adueñaron de la sala, con una gran puesta en escena, no propia de Mari Peña; pero la ocasión lo requería. La utrerana interpretó temas de su primer disco, que recientemente ha visto la luz: Mi tierra.

El punto álgido del espectáculo venía con las participaciones especiales, como fue el caso de las cantiñas que le cantó Mari a Carmen, “mi hermana”, como la llamaba. Después de un cante más rancio, parece que el público se entusiasmó con los aires gaditanos, pero de poniente. Fresco y agradable. La gitanería, tanto en el baile como en la forma de estar, encandiló y levantó la expectación del respetable. ¡Qué sevillanía en esas manos, ese mantón…! La sencillez de esta bailaora de La Macarena de Sevilla aportó todavía más flamencura al espectáculo capitaneado por la voz gitana de Mari Peña. En ciertas ocasiones, parece necesaria la ortodoxia para que pueda existir la heterodoxia. ¡Qué no nos priven de ver el baile flamenco de toda la vida!

Mari Peña se dio un paseo por Huelva, con unos fandangos personales. Aunque está claro que lo que gusta en Utrera es el sabor añejo, a siguiriya y soleá.

Otro de los grandes momentos de la noche fueron los tientos al piano del trianero Pedro Ricardo Miño, levantando los aplausos del público francés, gran entendido en flamenco y procedente de toda Francia y gran parte de Europa, ya que el Festival Flamenco de Nîmes es la cita más importante del flamenco en el país vecino. Y Mari Peña apostó también por la canción andaluza, cuplé… y alguna que otra fusión, como el tango argentino con aires morunos. Y seguía la noche en la misma línea, ahora la de Utrera se acordaba de Juan Peña El Lebrijano (DEP), con la participación de su violinista de cabecera, y presente en el escenario, Faiçal Kourrich. Aquí parece que el duende se dio una vueltecita por el escenario…

Y aunque hubo un par de despedidas, ante un público en pie, Yo vengo de Utrera fue el otro momento en el que el duende se despedía, himno de la fiesta por bulerías en Utrera. Así es el arte, aparece y desaparece sin previo aviso. Y se notaba el tempo utrerano, calma tensa y profundidad. Destacar el arte de La Turronera en la pataíta que se pegó, cuando Mari le cantaba letras habituales de El Turronero, su padre. ¡Qué arte y qué elegancia! Si es que no es ya la tierra lo que da el arte, sino la familia. Y la elegancia de la casa quedó patente.

Elenco

Mari Peña: Cante
Antonio Moya: Toque
Faiçal Kourrich: Violín
Paco Vega: Percusión
Rocío del Turronero y Juan Amaya El Pelón: Palmas, baile y coros.

Artistas invitados
Carmen Ledesma: Baile.
Pedro Ricardo Miño: Piano.

Fotografías: Jean-Louis Duzert

 

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