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Marco Flores surca mares alternativos en el Festival Internacional de Danza de Madrid

27 diciembre, 2018

El pasado 21 de diciembre en la sala Verde de los Teatros del Canal, dentro del Festival Internacional de Danza de Madrid, la compañía de Marco Flores presentó Fase alterna. Unos acordes de la guitarra de José Almarcha introducen unos coros femeninos que pudieran trasladarnos a alguna canción popular mejicana, para algunos supuesto origen de La Petenera.

“(…) Dicen que la petenera es una mujer piadosa (…)”; un repetitivo pasaje sonoro interrumpe el coro e inicia la danza de Ana Arrollo y Marco Flores libres de cánones y abiertos a cualquier posibilidad que les ofrezca su cuerpo, sus ganas de acoger el movimiento, en cualquier estado, que sirva de diálogo con ellos mismos, entre ellos, en conexión al grupo, con los quejíos, con el compás de unas palmas, con la guitarra, con el silencio.

Y ahora sí, Mercedes Cortés abraza La Petenera que más se reconoce en el Flamenco, la de la Niña de los Peines.

…yo quisiera renegar

‘deste’ mundo por entero,

volver de nuevo a habitar,

mare de mi corazón,

ay

volver de nuevo a habitar,

por ver si en un mundo nuevo

por ver si en un mundo nuevo

ay

encontraba más verdad…

La petenera impulsa esta obra – coreografiada por Olga Pericet, Yoshua Cienfuegos, Sara Cano y Marco Flores – que pareciera querer exponer algo que ya los que seguimos la carrera del director de esta compañía Marco Flores hemos observado y valorado en el bailaor gaditano. Marco Flores en cualquier posibilidad escénica y dancística expresa su incesante búsqueda que siempre va acompañada de una raíz muy flamenca. Su alma en esta obra no solo queda envuelta en quejíos, también se prepara para  ser libre en movimiento, libre de abrazar otras dinámicas escénicas, en donde la emoción de los cantes jondos pueden compartir otros estilos de música que siempre serán tocados por la varita mágica y la esencia y brillantez rítmica y de pellizco del interprete.

En Fase alterna cada componente es una pieza clave, son instrumentos sus cuerpos y sus giros, sus dinámicas frente al espacio, sus jaleos, sus respiraciones, sus formas expresivas del cuerpo, del movimiento en sí que fluye como canal de lo que se dice o queda en silencio. El público es libre de ponerle palabras o de sentir que no hay contexto. La danza también es un clima en esta propuesta, el cante de Mercedes Cortés y el espacio sonoro creado por Mel Semé, la guitarra de José Almarcha y la percusión y baile de Ana Romero, Ana Arrollo y Marcos Flores sea hecha con las manos, con el cuerpo, con los pies, con unos chinchines, es un océano de constante oleaje que va y viene a su antojo pero sujeto a un equilibrio. La armonía que cada interprete trae de sus lejanos bagajes. Sólo muchos años de entrega y experiencia pueden permitir a estos artistas tener ganas de surcar otros mares, o de seguir en el mismo aportando tonalidades nuevas, tantas como su corazón noble les impulse y tantas veces como se permitan a ellos mismos compartirlos con ese público permisivo, que espera ser sorprendido y abrazado por el mundo del arte abierto a la posibilidad.

Begoña Castro para Flama
Imágenes: Carlos Bosch

 

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