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Manuel Moneo revive la esencia jerezana en la 51 Fiesta de la Bulería

26 agosto, 2018
La última de las sesiones de la 51 Fiesta de la Bulería debía ser especial, recordando en parte a la de aquellos años dorados en los que se vivía el ambiente más popular jerezano en esa Plaza de Toros, cuyos carteles, capitaneados por artistas como Paquera, El Torta, María Soleá o Moraíto eran capaces de aglutinar a más de dos mil personas. En la noche del sábado casi se consigue colgar el cartel de ‘No hay billetes’, superando con creces el número anteriormente mencionado. Se vivió la fiesta, como antes, pero con un ambiente más íntimo gracias a un enclave acogedor y mágico, la Alameda Vieja. Manuela Carpio tuvo los reaños suficientes para bailar, dirigir y organizar. El espectáculo no era manejable, pues hablamos de una serie de artistas poco acostumbrados a los guiones, o a las órdenes. Había que dejarse llevar, de ahí que durara más de lo normal en estos tiempos, pero mucho menos que en décadas atrás cuando se llegaba al amanecer. Pero por fin se vivió Jerez, en su esencia.
El principal protagonista no fue otro que Manuel Moneo Lara, fallecido el pasado mes de diciembre y al que Jerez debía un reconocimiento público. Todo fluyó como se esperaba, con emoción y recuerdos de antaño, con cantes dedicados y con el llanto de la familia que no quiso perderse la cita, algunos desde el público y otros desde el escenario. Grandioso inicio por martinetes de Barrullo, hijo, Luis Moneo, hermano, Macanita, Luis El Zambo y Jesús Méndez. Desde primera hora todo se bañó de nostalgia y con fragancia de pureza. Tras ese principio fueron desfilando las voces en solitario. Primero Barullo, por soleá y seguiriyas, llorando el cante. De Santiago llegó el mayor de los Zambos, por bulerías para escuchar y bulerías, con un estilo propio de la gañanía del Paulera y tío Sorderda. No faltó a la cita Macanita, inconmensurable por soleá y bulerías, retomando el liderazgo que le corresponde. Jesús Méndez, de forma inteligente, gustó bastante por alegrías y por bulerías, con un grito sincero a quien fue un maestro, Moneo. Público en pie. Y cerró la primera parte Luis Moneo, por soleá, seguiriya y bulería, brillante eco del Campillo que ocupa el patriarcado de la gitanería de su barrio y de su gente. A las guitarras estuvieron Diego del Morao, Juan Manuel Moneo, Manuel Valencia y Miguel Salado, en un derroche de compás, saber acompañar y orgullo. Las palmas estuvieron como antiguamente, de pie y jaleando, que ya ni eso. Chicharito, Manuel Salado, El Macano y Diego Montoya. Geniales.
La segunda mitad fue la dedicada al baile, el de la Carpio, culpable de todo y garante de la raza de sus gentes. Siempre con los suyos, Juanillorro, Israel de Juanillorro, Miguel Lavi, Iván de la Manuela y dos columnas del cante para el baile que sólo van con las más grandes: Enrique El Extremeño y Juan José Amador. Soleá de Manuela, con garbo y bravura. Técnica superada por la improvisación que hacen de Manuela una artista única e inigualable. Tiene gran personalidad, y es capaz de todo. Ella invitó al fin de fiesta al resto de artistas, algunos ya habían actuado, como los de la primer parte, y otros tantos que se subieron como invitados. Abrió el fin de fiesta de ’24 kilates’ el jerezano Fernando Soto, con su particular romanticismo en la ejecución de los cantes y cuplés. Tras él fueron desfilando El Bo, con gracia y compás, Diego de la Margara, maestro de maestros del baile de Jerez, Carmen Ledesma, sevillana coronada, Torombo, eléctrico y chispeante, Luis Peña, cante y baile de sacristía, Pepe Torres, personal y único, Israel de Juanillorro, sorprendente de hechuras, y la propia Manuela, que cerró la gala con el público entregado y en pie, a las 2 y media de la mañana. Triunfo total.
Texto: Juan Garrido
Fotos: Javier Ramírez Cachi
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