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Manuel Liñán y su casa de muñecas triunfan en el Festival Flamenco de Jerez de la Frontera

4 marzo, 2020

El escenario con el que arrancaba el espectáculo Viva, del bailaor granaíno Manuel Liñán, dentro del Festival Flamenco de Jerez convirtió el Teatro Villamarta en una casa de muñecas. La hermosa escenografía, con una cortina de flecos metálicos parecía más propio de un cabaret o una película de Pedro Almodóvar, en el largometraje de Tacones Lejanos.

Aparece un niño con sus muñecos, jugando con los vestidos de lunares, hechos a mano por la abuela para los muñecos de su hermana. Los vestidos de esos siete hombres fueron importantes. Hace mucho tiempo que no he visto una mujer mover la falda con esa soltura. Cada personaje con su propio vestido, flores en el pelo y pendientes, maquilladas… como en los tiempos de los cafés cantantes. Es un espectáculo tan fuerte como delicado. Como una casa de cristal.  Se veía a los siete artistas de una manera tan natural, vestidos de mujer y con peluca, que casi no llamaba ni la atención.

Y los artistas, magníficos. Miguel Ángel Heredia, joven flamenco de Jerez, brilla en su papel. Canta y baila y como una matrona lleva a los demás a un picnic festivo. Las piernas largas y su forma de mover la falda hacían que Hugo López pusiera celosa a más de una mujer. La cadera de Betanzos se balanceaba suntuosamente al ritmo de tangos de su tierra.

Y los bailarines del Ballet Nacional de España, Víctor Martín y Daniel Ramos, vuelven como las pequeñas hojas de un tilo, cuando están secas, el viento las lanza hacia arriba y caen en zigzag… acompañadas por el toque de castañuelas. Impresionante.
Liñán juega un rato la Little Mermaid con su bata de cola después de lo cual arrastra a los demás a su fantasía. El conjunto, el placer, el divertimiento entre los músicos y los bailaores bailarines es contagioso. Cada uno ha encontrado su sitio. Un base segura para jugar.

El niño Liñán ha jugado con sus muñequitos como en un cuento de los hermanos Grimm, la de las Princesas Bailaoras, con un toque de Shrek (el humor).

Después de una visita a la galería de pinturas, se encontraba el ultimo cuadro. Los vestidos colgados y los bailarines sin ropa…
Se quitaron la ropa y se pusieron el pijama, se acabó el juego. Cada niño a su cama. Va a soñar con otro espectáculo. Y pienso que el público, después de una ovación de pie de 15 minutos, también descansará tranquilo.

Jorinde Cielen para Flama

 

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