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Manuel Liñán, con ‘Pies de Hierro’ en el Alhambra de Granada

2 diciembre, 2023

Cada acontecimiento contiene más o menos información dependiendo del lugar que ocupa en el espectáculo. Las diferentes piezas están engranadas de tal manera que el mosaico final tiene un equilibrio que lo hace único. De ello también dependió la destreza que demostraron cada intérprete este viernes, con el comienzo de los mercados de navidad sobre nosotros. Detrás quedan los once meses restantes y por delante Pies de hierro, de Manuel Liñán, en el Teatro Alhambra de Granada.

Cuando la introducción ya es una transgresión en sí misma, un puzzle desecho y con piezas dispersas por todo el escenario del teatro Alhambra, la diversión puede estar asegurada. Una mujer vestida de mantilla, un guitarrista con una guitarra fender roja y pantalones de campana, un batería con montera de torero, el cantaor con sombrero cordobés, el guitarrista flamenco con una correa al cuello. De fondo una pared blanca como herramienta percusiva y un bailaor que derrocha recursos e ideas.

Emula completamente lo savage de la euforia y la tensión que ejerce el zapateado flamenco sobre la presión arterial con la sonoridad de la guitarra eléctrica y la batería, no sin renegar de las palmas flamencas, el ingrediente castizo. Realiza unas seguiriyas con una energía desgarrada, llegando al estado ulterior de la pena y el sufrimiento. Continuando el desgarro con un solo de guitarra eléctrica por granaínas acompañada a dúo con la otra flamenca, pasando a la nostalgia de Triana.

Manuel Liñán y David Carpio mostraron una compenetración lúcida y segura, tensa y magnética tanto en su silencio como en su movimiento. La diversión sigue asegurada: saltando a la pata coja, con chaqueta de brillantes, por bulerías, desvistiendo al cantaor mientras entona una letra de guajira para seguir después por bulerías. Hay regocijos en todas sus formas y como acabó la noche se mantendrá en secreto, ya que una buena fiesta no se cuenta, se vive.

Tirada toda la sinrazón, Liñán continúa bailando con recursos infinitos, saltando hacia estados anímicos insospechados, creando mundos dentro de otros mundos, transformando su imaginario en cada vuelta de compás. Todo es teatro, el arte más distinguido de Manuel Liñán ha finalizado y el público aplaude como si no supiéramos que ha pasado.

Pablo Giménez para Flama

 

 

 

 

 

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