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Magistrales actuaciones de Antonio Reyes, Sara Jiménez, La Fabi y Alfredo Tejada en el Festival Flamenco de Beas de Granada

24 agosto, 2021

Se impartieron lecciones magistrales de cante, toque y baile en el XXXI Festival Flamenco Beas de Granada, con un cartel que no dejó indiferente por la variedad de registros y estilos con Antonio Reyes, Sara Jiménez, La Fabi y Alfredo Tejada.

Benditos patios de colegios que pasan de albergar los griteríos inocentes y alborotos de niños a su libre albedrío en los momentos más queridos de la escolarización, como son el recreo y la clase de gimnasia, a contener contenidos gritos, valga aquí la comparación, y un alboroto medido, en una intensidad regulada y un atropello calculado, con oles que van equilibrando la tensión, en donde el único accidente posible es el de encontrarse con emociones revocadas. Encima de las lineas del campo de baloncesto, entre canasta y canasta, se colocaron sillas blancas para el público frente a un escenario a poco más de un metro del suelo. Si las sillas de madera para los artistas, iluminadas desde antes del comienzo de la actuación, han sido sacadas de la sala de profesores, las réplicas que saldrían esta noche del cante flamenco podrían tener un aroma de conocimiento del medio, día de excursión o fiesta final de curso, de la hora libre que es dada a un niño cuando un maestro se pone enfermo, esa hora regalada que se convierte valiosamente en un alivio a veces más importante que todo el aprendizaje forzado.

La educación es lo primero y aquí se ha venido a recuperar una de las asignaturas pendientes en todo el sistema educativo: la educación emocional, cultural y de valores propios. Esta clase no es obligatoria, quien se canse puede ir a tomar algo a la barra o mirar los mensajes del móvil, pero mientras tanto los protagonistas de la noche sentarán cátedra.

Comenzó Alfredo Tejada con las guitarras de Antonio de la Luz y Josele de la Rosa, junto a las palmas de Mariano Cortés y Gilberto de la Luz. En el primer cante ya demostró que puede caminar sobre el compás de los abandolaos o sobre una malagueña con un control perfecto de su instrumento y el ambiente en su poder. En la segunda letra, recurriendo a la temática de la madre, canta sobre la orfandad que se siente al perder una madre y cómo no es igual que cuando se corta una rama, que sale otra verde. Este tema parece más profundo aquí cantado, el lugar en donde uno se puede imaginar las voces de niños en cada esquina, con el bocadillo y los juegos de piedras y palos.

Continúa Tejada con unas alegrías en donde balancea continuamente la intensidad de su voz. Le siguen unos tientos-tangos, extensos y templados los tientos, contrastando de nuevo con los tangos en donde la templanza pasa a ser una plena fuerza, haciendo quebrar hasta el aire que se respira. Con las bulerías finales canta con un torrente de voz que parece traspasar el cuerpo del receptor sin que se sepa lo que se acaba de aspirar. Alfredo cantó que parecía querer traspasar a quien le escuchaba y llegar a dos campos de futbol más allá o llegar a los acueductos subterráneos a diez metros bajo el suelo como si quisiera despertar a animales olvidados.

El presentador de la noche, Juan Pinillas, recoge la impresión dejada de Alfredo Tejada con un “mientras nos recomponemos” antes de introducir a la siguiente figura de la noche: La Fabi. La cantaora arcense comenzó con unas alegrías entre efectos y soniquetes varios combinados con subidas de su voz con proyección y cercanía dejando perplejos a los asistentes. Su seguiriya fue peculiar. Convirtió este cante árido en cálido y parecía que dentro de las letras de dolor y angustia llevase el consuelo y remedio en una dimensión paralela –la que generaba su melodía y timbre sonoro– a la del mensaje textual. Fue en el tercer cante, en la soleá por bulerías, donde hechizó definitivamente al público. Fue personal y salvaje. Sacaba las garras, acariciaba y volvía a embestir con cada letra de una forma distinta, con el público en sus manos, convirtiendo en un solo ser a los asistentes y su voz. Continuó con unos tangos donde combinó letras tradicionales con letras actuales y sentimentales. Para acabar le dedica al público sus bulerías. Se levantó después de unos minutos de su silla y continuó sin micrófono, de pie y moviéndose por todo el escenario, forzando su voz como si de la final de la Eurocopa se tratara. Ha venido a llevarse el trofeo y la copa. Se da una patada y se sienta a descansar, esperando al segundo tiempo mientras el guitarrista El Monty toma el relevo. Después se vuelve a levantar y demuestra que no fue solo una despedida la hazaña de soltar el micrófono. Sacó los oles a raudales y no cesó en su cometido de sacar hasta la última gota de júbilo del público. Junto a los cuatro palmeros más percusionista, quienes ocuparon una parte considerable del escenario, sumándose al frondoso volumen de pelo y barba del guitarrista, La Fabi hizo suyo el escenario llenándolo de su personalidad y la noche pasó a ser suya, única y memorable.

Sara Jiménez mostró una visión personal en sus movimientos que se figuraban en estáticas imágenes con reminiscencias de John Singer Sargent. El arraigo y unidad al compás en su conocimiento y dominio de cada una de las partes de sus bailes, taranto y soleá por bulerías, junto a la guitarra de Rubén Campos y las voces de Marian Fernández y Antonio Heredia, hicieron que que las melodías se personalizaran en la figura de Sara, como una llamada irrefutable. En su baile menos es más, sus brazos crean figuras hipnotizantes y junto al silencio, o un tapado con la guitarra al compás de tangos, Sara se mostró en su entorno místico, con movimientos ralentizados, parando el tiempo, antes de contrastar con taconeos y soniquetes a gran velocidad. En el silencio, su mejor aliado, y junto a sus compañeros, la maestría se elevó por las nubes antes de que llegase la brocha final de la velada.

Antonio Reyes concluyó la noche con la precisión de un reloj suizo. Junto a la sensibilidad y buen gusto de Nono Reyes, hicieron primero una soleá muy parada, seguidos de unos tangos también a paso lento y buen hacer, para concluir primeramente con unas bulerías y, después del aclamo del público, finalizar con una ronda de fandangos. No tuvo necesidad de forzar, ni de arriesgar nada, seguro en el compás, la entonación y el remate, sin apresurarse porque si algo camina bien, ¿para que cambiarlo? Dueño de la expectación, paseó la atención sin reparo por su lenguaje que no por ser ancestral se proyecta hacia el futuro y se actualiza con exactitud a cada minuto, con cada exhalación, como un reloj suizo.

Pablo Giménez para Flama
Comentarios (1)
  • Manuel - 25 agosto, 2021 a las 13:33

    Fue una gran noche de flamenco.enco sin duda

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