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Maestro de maestros, Capullo de Jerez desborda con su cante en el Festival Milnoff 1922 de Granada

11 septiembre, 2021

Cuando se va a su encuentro ya sabe uno que va a sufrir un choque. Este impacto se produce de forma inmediata en la noche del 9 de septiembre en el Palacio de los Córdova, dentro en la segunda edición del Festival Milnoff 1922 de Granada. No deja ni tocar dos compases al guitarrista cuando, como con un golpe en la mesa a mano abierta, pone firmes a todos. La conexión entre sus acompañantes es cuidada y no importa que la guitarra se haya desafinado un poco con el cambio de temperatura, la complicidad no entiende de otra cosa que de la escucha y apreciación de cada movimiento del compañero. Cada matiz es expandido por sus palmeros y percusionista brindando por la libertad de Capullo de Jerez de la cual hace partícipes a cada testigo.

Seguido a la soleá, se levanta y entona unos martinetes. El guitarrista vuelve a tocar, esta vez afinado con una precisión igual que su dominio de múltiples registros emocionales en cada palo, y se realiza una parte de cantes libres: tres cantes de levante y fandangos.

Indescifrable la combinación entre frescura, libertad creativa y medición exacta del compás que muestra en cada uno de los arranques de melodías de duración variable. Muchos cantes los empieza sin introducción de la guitarra o palmas. No necesita templarse ni buscar el duende porque debajo de su sombrero se encuentran ideas de sobra para sorprender en cada instante, salirse del guión o escribir un largometraje con un personaje nuevo en cada escena.

Desborda en las bulerías y las letras se suceden en temáticas tan dispares como son las vidas mismas de cada uno. Volviendo a cambiar de tema, agradece los aplausos y pregunta: ¿habéis comido? El protocolo parece ridículo al lado de la energía de Miguel Flores Quirós. Hace pensar que uno algo hizo mal si no es capaz de sentirse con la vitalidad de Capullo de Jerez. Por ello es maestro de maestros, porque sus lecciones son parte de su persona, hace querer ser como el. Con todos sentados, él se levanta, baila, canta y celebra por rumbas como si a cada minuto se volviese a celebrar un año nuevo. Interminable su energía, el desparpajo se vuelve elegante de tanta fuerza. “Este ritmo es para ustedes” dice en sus letras pero parece que una actuación así no es digna de ninguno de los asistentes porque la deuda y agradecimiento de todo lo que dio en el escenario no se puede devolver.

Al acabar, todo el mundo en pie, perdidos por todas las ataduras interiores que se rompen cuando uno atiende a una curación de tal magnitud, aplaude sin poder asimilar lo que acaba de ocurrir. No hay preparación que pueda simular la noche que ofreció. Más que un recital o espectáculo redondo, se trata de un acercamiento a la verdad y una continua negación de los castillos en el aire para estar en el momento presente. Vida solo hay una –este fue el principal mensaje durante la actuación, repetido en varias ocasiones–, así que los que hayamos podido ver algo de su luz en aquella noche, seguiremos buscándola.

Pablo Giménez para Flama

 

 

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