Luis El Zambo, metal entre barricas de roble de los Apóstoles
La Bodega Los Apóstoles de Jerez está viviendo una serie de recitales jondos y cabales que hacen vibrar las barricas de esta centenaria bodega durante el Festival de Jerez. Como pasaba el otro día con Pansequito o Sordera, algunos de los pocos referentes que ya quedan de otra época han dejado su huella durante estas semanas de cante. En la noche de ayer tuvimos el lujo de escuchar al jerezano Luis El Zambo, acompañado por la sonanta de Miguel Salado. La espontaneidad tanto en el cante como en el toque o en las palmas da ese aroma a la tierra. Por bulerías pa escuchar.
El metal de Luis es inconfundible, forjado a base de cante y más cante a lo largo de décadas; la única fórmula para poder tener esa sabiduría y ese gusto pa cantar. Hay cosas en la vida que hay que vivirlas para después poder transmitir. Sin escenografías ni diseño de luces ni nada. Cante y guitarra. Interpretó bulerías del disco Puro y Jondo, que grabó junto a Sordera.
El arte de Luis no se puede aguantar, incluso sin cantar. Cuando se dirigía a Miguel llamándole Beethoven, haciendo al público reír en cada comentario. Y se dirigía al respetable con ese arte flamenco único antes de arrancar por soleá de Jerez, como el mismo Luis dijo… pero de la Fronteira… Un cante que te lo crees, y un acompañamiento que aportaba todavía más credibilidad a lo que estaba pasando sobre las tablas. Acordándose de Juaniquí y esa soleá tan personal. Luis majestuoso, sin prisas, el tiempo manda.
Anabel Valencia, y el arte de Lebrija
Anabel es de las jóvenes cantaoras de la tierra con empaque y con mucho gusto. Arrancó con mucha fuerza por bulerías, en las que dejó el corazón. Por soleá mostró un quejío sincero, recordando a su paisano Juan Peña El Lebrijano. Cante arrojao y con sello propio. Interpretó unas malagueñas para seguir con unas alegrías que arrancaron unos olés del público. Fandangos, tientos… pareció recitar unos versos de Manuel Molina, que siempre son muy emotivos.
Igualmente, me pareció escuchar aires de ranchera mejicana por bulerías. Un punto muy original y con cierto gusto. Al final nos regaló unas siguiriyas de esas que duelen, se rebuscó la lebrijana meciéndose en la silla de anea.
Texto: Isidoro Cascajo
Reportaje gráfico: Tamara Pastora







