Editorial

La Zambomba según Jerez…

1 diciembre, 2018

Navidad, Jerez, Zambomba, candela, convivencia, villancicos, fiesta, pestiños… todo a medio camino entre el fervor popular y el ambiente lúdico festivo de un pueblo que en estos días de diciembre convierte la ciudad en un coro repartido por todos los rincones jerezanos. Una especial y flamenquísima forma de mostrar el sentir de una ciudadanía que manifiesta su fervor navideño.

Las tradiciones populares están permanentemente sometidas al riesgo de ser total o parcialmente absorbidas por el progreso generacional. Respecto de la Zambomba, no podía ser menos, pues allá por los años 80 estaba prácticamente olvidada y casi desaparecida. De no ser por el magnífico y encomiable trabajo que nuestro querido y siempre recordado maestro Manuel Fernández Parrilla, entre otros, quien recuperó y llevó a miles de hogares la restitución del villancico a nivel popular, junto con el ramo de composiciones que perduran a través de los años y que creara nuestro ilustre jerezano Tío Antonio Gallardo Molina. A partir de la década de los 90, la feliz aparición del genial compositor, tocaor y cantaor Fernando Fernández Pantoja Terremoto, hizo que se convirtieran estos tres artistas mencionados en imprescindibles puntales para que la zambomba jerezana haya alcanzado el nivel popular y artístico que ostenta actualmente, tanto a nivel local como nacional.

Recuerdo en mi infancia (años 50/60) que su celebración estaba prácticamente delimitada a los días previos a la Nochebuena. Por todos es conocido que en el patio de vecinos, solo necesitábamos una zambomba, una candela, la familia, amigos y vecinos, mucha armonía y compartiendo lo poquito que teníamos… Eso sí, la olla de puchero no faltaba, ni los pestiños o las diferentes viandas que entre todos se aportaba. El anís para los mayores, la botella vacía para rascarla y las palmas indispensables como principal instrumento colectivo… y hasta el amanecer.

En la actualidad, después de que se haya conseguido la proeza de su recuperación, creo que está en muy serio peligro una celebración que cada año se aleja más de su continente y su contenido, y que prima comercializarla turísticamente. Estamos colaborando no ya a su adulteración, si no a su desaparición como seña de identidad tradicional, cultural y religiosa.

Opino que es necesaria una regulación de las mismas por parte de la administración local, no tanto a nivel coactivo, pero, por ejemplo, delimitar las fechas de celebración, velar y mantener unas normas para no convertirlas en meros espectáculos. Por eso no todas las que se celebran pueden ostentar el nombre de Zambomba, a excepción (bajo mi modesto punto de vista) de las que organizan las Peñas Flamencas, Hermandades, Asociaciones Vecinales y algún que otro negocio de hostelería.

Manuel Moreno Román
RR.PP. Federación Provincial de Peñas de Cádiz

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