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‘La vida a palos’, el sufrir flamenco interpretado por Imanol Arias

8 julio, 2018

El pasado 5 de julio se estrenaba una obra muy especial en Teatros del Canal de Madrid. Caso único en el mundo del flamenco… La vida a palos es una herencia que entrega su autor, Pedro Atienza (1955 – 2014), al actor Imanol Arias. Un legado que el autor entendía que lo había hecho para el actor, pensando en él, para ser llevado al teatro. “Pedro Atienza era culto, lector empedernido y flamenco. Atienza no era cantaor pero se expresaba como los cantaores”Así lo define su amigo y actor Imanol Arias.

Será José Manuel Mora quien dará forma a el extenso texto de Atienza en La vida a palos. Es un monólogo imprescindible sobre la vida de un cantaor flamenco en el que están reflejados muchas vivencias personales pero de muchos cantaores a su vez.  Imanol Arias interpreta tres personajes durante una hora y media; un cantaor de los años de la movida madrileña, El Alcayata, el amigo Manuel Casado, cantaor que le robó su cante por soleá a El Alcayata, y Consolación, puta y gitana mal vista por los suyos.

El texto de la obra se entrecruza con el chelista especializado en flamenco Barnabas Hangonyi Batio, nos lleva de viaje por diferentes estilos y el cante sutil y flamenco de Raúl Jiménez, quien se desdobla escénicamente con el personaje de El Alcayata.  Ambos ponen la musicalidad a una puesta en escena casi flamenca pero con giros de cabaret berlinés, propuesta escénica dirigida por Carlota Ferrer.

Inicia la obra con un encuentro frente a frente entre Aitor Luna en el papel de hijo heredero de El Alcayata e Imanol Arias en el personaje de  amigo de su padre. Este último, mensajero de un legado que fue escrito para ser estructurado por su propio hijo. Un hijo escritor, que intenta llegar a comprender a su padre a través de la escritura, también cineasta, que aún sigue en lucha con el abandono de su padre siendo un niño. Una lucha que rebota en aquel que quiere desde el rencor liberarse de lo que le atormenta y que en algunos fragmentos de la obra podemos apreciar con la relación que mantiene con el personaje “mujer” que interpreta Guadalupe Lancho. Esta experimentada actriz interpreta a  todas las mujeres que sostienen la carga de esta familia, y  que a veces en forma de canto parece liberarse y dirigir un barco, que sin remedio esta siempre a la deriva.

El Flamenco, dará sentido a la vida del padre y sin embargo será el eterno culpable para el hijo. Víctima del deseo de su padre de vivir en libertad, de sustituir la familia por el Flamenco… El cante bueno se presiente llega cuando uno menos se lo espera… durante muchos años cantar y llorar fue la misma cosa… El martinete todavía abrasa cuando lo escucha o cuando lo canta un gitano. Escribe el Alcayata en su legado.

…ay trin trin trin… de querer a no querer / hay un camino muy largo… que to el mundo lo recorre… / sin saber cómo ni cuándo… / Ay y si no es verdad esto que yo digo / si no es verdad que dios me mande a mi la muerte / si me la quiere mandar…

Expresa con su cante Raúl Jiménez dando voz flamenca a el personaje de El Alcayata.

Como dice el texto de La vida a palos: “en los palos del flamenco están las estructuras”. Esta obra, en manos de Carlota Ferrer,  junto al diseño de luces de Daviz Picazo, la estética y fotografía de Irene Merixetxell, los audiovisuales de Jaime Dezcallar y el diseño del espacio sonoro de Sandra Vicente, a veces performática, a veces con claras muestras de enfoque cineasta, va enmarcando a través de los diferentes estilos del cante flamenco, no solo vivencias de los protagonistas, también una forma de vivir atrapada en la culpa. Lastre de aquel que elige la opción de ser libre y canta-cuenta sus emociones para ser aceptado y entendido y  que quizás con la herencia pide ser perdonado.

Begoña Castro para Flama

Imágenes, J. Villanueva.

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