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La Reunión de Cante Jondo de La Puebla homenajea a Diego Clavel, una ética y estética de otro tiempo

15 julio, 2021

El esperado y merecido homenaje a Diego Clavel (Diego Andrade. La Puebla de Cazalla, 1946) se hizo realidad en la LII edición de la Reunión de Cante Jondo de La Puebla de Cazalla. Un tardío reconocimiento de su pueblo, de su afición y de su Reunión. Ha podido ser por su reticencia, por la falta de apoyo, o por ambos motivos. Debido a la frágil y archiconocida situación sanitaria actual, el festival empezó y terminó antes de tiempo, estando finiquitado poco antes de las 03:00 h, incluyendo la célebre ronda de tonás.

Desde hace algunas ediciones, el contenido del cartel de uno de los festivales flamencos más destacados en la actualidad -posiblemente el más firme en su cimentación y organizado por una comisión impregnada de afición, cariño, sensibilidad y altruísmo- no responde mayoritariamente a las expectativas de una exigente y formada afición a la que le cuesta desprender un olé desde hace años. De hecho, en este aspecto, despiertan más interés algunas de las actividades previas, en las que suelen mostrarse mejores voces, o al menos, muchas de ellas, con más afición, aunque menos mediáticas. Como ejemplo, Miguel Ortega, de Los Palacios, en contraposición a Encarna Anillo. Y está el caso de La Macanita, una portentosa y excelente cantaora en horas bajas, con una desgana y falta de sinceridad interpretativas que arrastra demasiados años, y que el cantaor local Raúl Montesinos sí lo muestra con admirable naturalidad. El baile corrió (y creo que está bien empleado el verbo) a cargo de Farruquito, ofreciendo su rutinaria fórmula basada levemente en la genialidad de su abuelo y empleando para ello menos tiempo que la bailaora que lo acompañaba. Por otro lado, uno de los aciertos del certamen es mantener la faceta de guitarra de concierto; en este caso, con el maravilloso y veterano Manolo Franco, cuya reiterada ausencia en los actuales escenarios flamencos empieza a ser preocupante.

Lo más destacado de la noche, lo más emotivo y con mágicos momentos de cante fue con el homenajeado (caña, soleá apolá y seguiriyas, con su célebre cambio de Manuel Molina). El simple hecho de su forma de salir al escenario, de situarse en la silla junto a su compadre Antonio Carrión alumbra a un cantaor de otra época, de otro concepto ético y estético, cuya honestidad y jondura es incuestionable y admirable. El viernes previo había presentado en la Bodega Antonio Fuentes su histórica y monumental Antología (Cambayá Records, 2021) de antologías de cantes, realizando un conciso y profundo recorrido a través de sus malagueñas, fandangos de Huelva, soleá, levante y seguiriyas; y momentos antes, en la Plaza de las Melias, se descubrió un monumento con un busto del morisco, una obra de Martín Lagares.

Ahora bien, se echó en falta, una vez más, la presencia de artistas y de medios de comunicación apoyando una figura respetada, sencilla y humilde con más de medios siglo como profesional, con una trayectoria y discografía portentosa y envidiable; de la mayoría de los artistas, ya se sabe su habitual falta de sensibilidad con el compañerismo, y de los llamados críticos, aunque tampoco es una novedad, normalmente no acuden a los actos, a no ser que los cubran para sus medios correspondientes o presenten el espectáculo; aunque, a veces, suelen coincidir ambas acciones.

Juan Antonio Rodríguez Juano para Flama

 

Cante: Encarna Anillo, Raúl Montesinos, La Macanita, Diego Clavel. Guitarra: Manolo Franco, Pituquete, Manuel Valencia, Antonio Carrión. Baile: Farruquito, con el cante de María Vizarraga, Ezequiel Montoya e Ismael de la Rosa, y la percusión de Paco Vega. Presentador: Pedro Lópeh. Lugar: Hacienda Fuenlonguilla, La Puebla de Cazalla. Fecha: 10 de agosto de 2021. Aforo: Lleno.

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