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La Piñona, a su aire en el Festival Flamenco de Marsella

17 abril, 2022

El Festival Flamenco Azul 2022 alcanza su ecuador con un éxito de público ya consolidado y con los espacios llenos, como fue el caso de Israel Galván el pasado 9 de abril en el Théâtre Toursky de Marsella. En esta ocasión ha sido la gaditana Lucía La Piñona la que ha copado el fin de semana con su espectáculo Desvaríos, que coincidía con la Semana Santa y se ha notado, ya que no había más entradas para el Centre Soleá, lugar emblemático y centro neurálgico del flamenco en Marsella.

Tanto Lucía como El Mati estuvieron soberbios, junto a la sonanta de Manuel Gómez. Además, el espectáculo fue bastante original, en una gran compenetración entre las tres disciplinas, en la que El Mati estaba acompañado por un sampleador que daba un aire de misterio y solemnidad a la vez. Todo de negro, desde la bata de cola de Lucía al traje del cantaor, tocaor, y hasta el fondo del escenario. Baile clásico a cámara lenta, con unos tiempos pausados, que hacían posible disfrutar del espectáculo. Entonaba El Mati por peteneras. Una voz exquisita, adaptada a la sutileza del baile elegante, y pausado de La Piñona. Continuaron por granaína, mientras El Mati la hacía suya, peleándose con el cante. Lucía aparece con un traje ya más alegre, y deja atrás la pena de la petenera. Un baile elegante y femenino, con mucha sensibilidad y, a pesar de ser gaditana, muy sevillano, juego de muñecas, braceos y movimientos de cadera preciosos. Ejecución impecable, con mucho gusto, tanto en el cante como en el baile, y con una guitarra atenuada y marcando los tiempos. Un espectáculo muy personal.

Lo avisaba en la presentación del espectáculo la directora del Festival Flamenco Azul, de Marsella, la profesora María Pérez, que Lucía La Piñona tenía «carta blanca», aunque regida por la obra Desvaríos, que iba a hacer un poco de todo a su forma, y así fue. Y se agradeció la lentitud en la ejecución del cante y del baile, despacio y con poco zapateado, sin buscar el aplauso rápido de esos zapateados forzados. Explorando caminos indefinidos dentro de su danza, con estilo propio.

Por tangos ya se metieron al público en el bolsillo. Se notaba sinceridad sobre el escenario. Aquí también estuvo Manuel sembrao, un toque precioso mientras que ya Mati se deshace de la mesa de mezclas y se arranca por unas alegrías que parece que las ha mamao en el barrio de Santa María de Cádiz. A lo que Lucía supo hacer brillar ante un público entregado, y muy especial, ya que había mucha gente mayor, pero, a su vez, también bastante gente joven. Muy variopinto. No se escuchó ni un suspiro. Silencio absoluto de las más de 100 personas que abarrotaron el Centre Soleá de Marsella. Lo mismo ocurrió con las bulerías, con mucho compás y un aire que parecía que venía directamente de Jerez. Tuvieron que improvisar otro fin de fiesta ante la insistencia del público.

Fotografías cedidas por Juan Conca

 

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