La nueva internacionalización del flamenco en el disco ‘Motomami’ de Rosalía
La intermitencia, los cambios de estímulos constantes, la variedad, la globalización, todo ello no deja de lado al flamenco. La proliferación de productos fabricados para el consumo de masas, los mismos restaurantes en todas las ciudades, las mismas tiendas de ropa y las mismas modas. Es difícil encontrar lo diferencial de cada lugar. Pero la música española y, en concreto, el flamenco, continúan siendo un estandarte con una personalidad propia. Todavía queda lo inimitable, un lenguaje que no ha podido ser copiado por las multinacionales y no se ha podido imitar a gran escala.
La destreza necesaria para ser cantaora y conocer sus códigos es mucho mayor que la propia de la música pop u otros estilos populares. La dificultad vocal, el conocimiento rítmico y el pellizco o duende no pueden ser generados por los productores del panorama internacional. Por ello, en Rosalía se ha encontrado una valiosa singularidad. Y así lo defiende cantando: “soy igual de cantaora con un chándal de Versace que vestiíta de bailaora”.
Tenemos que asimilar que la expansión del flamenco se realiza con los códigos actuales. Es un engaño pretender que su internacionalización se siga dando solamente de la mano del baile y la guitarra o se vaya a dar con discos de antología. La voz flamenca, con el obstáculo de no ser siempre entendida por un público internacional con la facilidad que lo hace el baile o la guitarra, encuentra de esta forma su lugar.
¿Es el lugar que se merece el flamenco? Situado entre una bachata y el chicken teriyaki, a mitad de camino entre Hispanoamérica y el continente asiático, es ahí donde se encuentra una bulería que, lejos de querer ser maquillada con un nombre rocambolesco, se titula en mayúscula con el nombre del palo flamenco que más expectativas genera. Con firmeza y letras propias manda mensajes claros como “Y aunque a mí me maldigan a mis espaldas… yo voy a seguir cantando, porque me nace”. Se planta flamenca.
Detrás de este fenómeno le seguirán otros cantaores y cantaoras pudiendo apelar a un nuevo público simpatizante con la bulería y, tal vez para no parecer obsoletos, con la vestimenta de Versace. Los números son arrolladores. No hace falta echar cuentas para concluir que su audiencia fragua nuevas conexiones, también desde el flamenco, ahí donde alcanza la voz de Rosalía.





Muy buen articulo, no podria estar mas de acuerdo!
(Editar)
Muy bien argumentado, no podria estar mas de acuerdo!!
(Editar)