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La Fabi detiene el tiempo en el Festival Flamenco de Nîmes

21 enero, 2018

Parece mentira que tenga uno que venir hasta el Festival Flamenco de Nîmes para descubrir a una joya labrada. Porque Fabiola Pérez, de Arcos de la Frontera (Cádiz), no es en bruto. Sabe lo que hace. Arrancó, como un tornado, por atarantas… con el corazón en la mano. Remata los tercios que parece que va la vida en ello. Y es que, a veces, además de tener cualidades hace falta tener ganas. Como decía uno: para vivir, solo hay que tener ganas. Y ahora comprendo por qué muchas veces no me gusta el cante… La Fabi demostró ayer tarde en el Instituto Emmanuel d’Alzon que hay que arremangarse pa cantá. Parece que a muchos se le olvida que el cante tiene que salir de dentro. Muchos de los asistentes (la sala abarrotó las 500 plazas) no dábamos crédito a lo que acababa de sentarse en la silla. Además, solo había cuatro luces. Ni sonido, ni micros ni ná de ná de ná. A palo seco. Cante largo y gitano.

La gitanería de salió de madre por alegrías. ¡Qué ange! Voz gitana rancia… pero a lo Niña de los Peines. Aguda, alternando la raza con los melismas de un payo.Y además, lo daba todo. No tuvo ningún recogimiento. Un cante descamisao. Entrecortado, con salero y parecía que no le hacía falta coger aire. En algunos momentos, a base de fuerza y dicción, me recordó a la mismísima Paquera de Jerez. El duende lo estaban peinando. No andaba mu lejos; ya que estaba llevando el cante a sus últimas consecuencias. De frente.

En los tientos mantuvo el nivel. Bueno, parecía todavía más gitana. Los olés espontáneos del público no paraban. La verdad la tenía en la mano en cada giro, en cada quejío. Mantuvo el interés del público en cada segundo. La Fabi sabía lo que se traía entre manos, y no quería que nadie se despistara.

A veces, las ganas, son fundamentales para ejercer cualquier profesión. Un recital de cante jondo de antología. Torrente, fuerza, garra, garbo, melismas, giros… una lluvia de sensaciones. Por siguiriyas, no me creía lo que estaba escuchando. Además, toda una profesional. Se cambió de vestuario y cantaba como si estuviera en la misma Maestranza de Sevilla. Y ahí es donde se ve el arte. El tiempo no pasaba.

Pasando por los fandangos, La Fabi se despidió por bulerías. Sin sonido, sin luces, sin escenografía. Entre flecos de colores, remató con una feminidad fuera de toda norma… y con mucha elegancia en el baile. La Fabi no tiene desperdicio.

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