La Chachi, el mistral malagueño azota Nîmes
Cual viento Mistral – temido por los habitantes del sur de Francia por ser muy frío, seco y fuerte en su paso desde el noroeste hacia el Mediterráneo – pasó la bailaora malagueña María del Mar Suárez La Chachi (1980) por el Festival Flamenco de Nîmes. A pesar de su intensidad e impacto, el Mistral tiene ciertas virtudes: limpia el aire, despeja el cielo de nubes y aparece un sol intenso y brillante. El baile a-flamencado de esta actriz y coreógrafa es una muestra de su teatro gestual y su danza contemporánea, donde la nueva dramaturgia se fusiona con su peculiar baile, y desde hace algunos años, con el flamenco, para bien de nuestro arte.
Hay espectáculos que gustan algo más, menos, o que no te gustan directamente. Aunque desde este foro siempre se intenta construir una crónica objetiva y descriptiva, al margen de afinidades, he decir que ‘Taranto Aleatorio’ de María del Mar Suárez La Chachi, me impactó el mediodía del pasado día 16. A una hora y un espacio poco usuales para el flamenco, las 13 horas en el Museo de Arte Contemporáneo Le Carré de Nîmes, en pequeño formato, y ante unas 80/100 personas, presencié una coreografía que me sorprendió; fue algo excepcional, excitante, divertido, sensual, conceptual… y muy fresco, despejando todos los prejuicios y conceptos adquiridos, para adentrarse en ese ‘peligroso’ mundo de la honestidad con una misma, donde se vislumbraba un horizonte nítido y clarificador.
Parece ser que es el primer Festival Flamenco en el que participa La Chachi, según me comentaba su productora, Luisa Hedo. La misma artista manifestó en la conversación posterior con el público que se atrevió a preparar una obra flamenca gracias a artistas como Rocío Molina o Israel Galván, «15 años antes no se me hubiera pasado por la cabeza hacer nada de flamenco – comentaba María del Mar -, ya que el contexto de libertad era inexistente». Pero ahora reconoce que gracias a la valentía de otras figuras, se ha animado a mostrar su peculiar concepto «punky» que tiene de la danza flamenca.
‘Taranto Aleatorio’ es una genial obra conformada por un dúo magnífico, ya que la virtuosa cantaora/intérprete, Lola Dolores, también lleva gran peso del espectáculo. Es básicamente una deconstrucción del Taranto. Baile y cante envolventes – con la única instrumentación del juego vocal de Lola y el sonido corporal emitido por La Chachi -. Un espectáculo visceral e hipnótico. Además, los 40 minutos que dura la obra son una muestra de ‘lo bueno, si breve, dos veces bueno’.
‘Los Inescalables Alpes, buscando a Currito’
Al día siguiente, La Chachi interpretó en la Sala Odeón su tercera pieza, estrenada en el Festival de Otoño de Madrid – Premio Godot al mejor espectáculo de danza 2022 – con todas las entradas vendidas, prueba de que el Festival Flamenco de Nîmes es una marca, una garantía de calidad que el público no se quiere perder. Ya que era la primera vez que La Chachi participa en un festival flamenco; y lleno absoluto. Desconocida y desconcertante. Atrevida y divertida. Vendaval de aire fresco desde el conocimiento.
La obra ‘Los Inescalables Alpes, buscando a Currito’ son unas sevillanas rocieras constantes durante todo el espectáculo como símbolo de la salvación, de lo inalcanzable. Una ‘tragedia espiritual’ que se muestra a través de la reiteración exagerada de la música y la letra, que transmite la fobia que tenía de pequeña cuando la llevaban de Romería a la Virgen del Rocío de Almonte.
La Chachi se retuerce y gesticula su baile, de rodillas, mientras se repite incansablemente la letra de tintes religiosos, y termina la escena con un ¡Viva! muy emotivo a la «Reina de Almonte». Lola cantaba la letra, una y otra vez, durante los 60 minutos que duró la obra, junto a la guitarra de Francisco Martín, la percusión de Isaac García y los coros de Amélie Chambinaud, Faustine Pont y Natacha Astier.
María se arrastraba por el suelo, chillando, ‘poseída’, palabras ininteligibles mientras se echaba agua por encima, revolcándose, mostrando sus pechos en gestos impulsivos de desesperación. Una sensación de locura, hasta el punto de que los músicos la ‘abandonan’ en el escenario y ella sigue aludiendo a la ‘Virgen de Almonte’. Posteriormente, antes del final de la obra, unos textos explican la fobia a las romerías de su infancia, a las que la llevaban, y parece ser que no las disfrutaba mucho.
Texto: Isidoro Cascajo
Fotografías Sandy Korzekwa






