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José Mercé cuelga el ‘No hay billetes’ con un espectáculo ‘rehondo’ en Pamplona

28 agosto, 2026

El Festival Flamenco On Fire de Pamplona sigue dejando huella en la ciudad navarra, y año tras año el público abarrota los espacios con un profundo respeto y afición. Anoche, en el Baluarte se colgó el cartel de No hay billetes para ver a José Mercé, quien presentaba Canta a Manuel Alejandro. El cantaor jerezano, con su carisma habitual y con la proximidad tradicional de los cantaores antiguos que dialogan con el público, no tardó en meterse al respetable en el bolsillo, confesando que los pamploneses son «su público preferido»; en referencia a la afición y respeto.

Al compás del piano de Alberto Bocanegra, director musical del espectáculo, Mercé comenzó con Corazón en carne viva de pie, llegando a retorcerse de emoción en algunos momentos.

El repertorio transitó magistralmente entre géneros. Yo soy aquel sonó por bulerías, arropado ya por todo el elenco, demostrando ser una producción de gran envergadura y exquisito gusto. Le siguió Te estoy queriendo tanto por tangos y un desgarrador Procuro olvidarte. En esta primera parte, Mercé ejerció de ‘cantante’ más que de cantaor tradicional.

Aunque a veces su faceta mediática y sus apariciones televisivas despierten polémica entre los puristas, anoche quedó claro que hay que echarle de comer aparte. Solo su eco y su sonoridad ya demuestran que estamos ante uno de los grandes. Es de agradecer que un artista de su talla siga indagando e investigando en nuevos proyectos, saliendo de su zona de confort, para proyectar la tradición flamenca hacia nuevos públicos.

Uno de los clímax de esta fusión llegó con Se nos rompió el amor, popularizada por Rocío Jurado, regalando uno de los momentos más emocionantes y aplaudidos por una sala completamente entregada.

Flamenco por derecho
«Voy a cantar flamenco por derecho, que eso no se puede perder», anunció Mercé para marcar el punto de inflexión del recital. El contraste entre la canción y el cante jondo sirvió para engrandecer aún más la riqueza de nuestra música. Con una malagueña de El Mellizo, Mercé desplegó esa voz gitana, rasgada, jonda y repleta de matices. Si no existiera el flamenco, el eco de Mercé lo hubiera creado.

La emoción se desbordó en la soleá. Visiblemente conmovido, dedicó el cante a su primo, Enrique Soto Sordera, fallecido esa misma tarde. «La soleá es la madre y la siguiriya el padre», sentenció Mercé, en un emotivo recuerdo que también abrazó a su hijo Curro, fallecido muy joven, por siguiriyas.

El jerezano estuvo acompañado por el guitarrista Manuel Cerpa, quien tuvo su momento de gloria, deslumbrando con un gran virtuosismo y precisión en los tangos, arrancando aplausos continuos del respetable con sus falsetas, giros y picados. Estuvo acompañado por Mario Parrana. David del Gasolina en la percusión; y los coros y palmas de Laura Marchena, Chícharo de Jerez, Víctor Carrasco y Jorge Bautista rebosaron flamencura y buen gusto en cada intervención.

Tras unas luminosas alegrías del barrio de Santa María de Cádiz, Mercé volvió al genio jerezano de la composición con Se muere por mí la niña, recordando aquel mítico disco Jerez canta a Manuel Alejandro. La cercanía de Mercé era total; hablaba con el público y el público le respondía, un arte de conexión que cada vez es más raro de ver en los escenarios, tan habitual en los cantaores de décadas anteriores.

Tras entonar Yo soy rebelde y un popurrí de sus temas más populares, comenzaron las despedidas. Hasta tres veces amagó con irse tras cantar Al alba y unas bulerías de Jerez (pataítas incluidas). Finalmente, concedió el deseo que la sala le había pedido toda la noche: Aire. Como broche de oro definitivo, se despidió cantando unos fandangos a capella. Un espectáculo completo y rehondo.

Águeda Saavedra: La elegancia en el baile
La crónica de la jornada quedaría incompleta sin mencionar la actuación de la bailaora malagueña Águeda Saavedra, quien regaló una exhibición de técnica y transmisión, comenzando por unas tarantas de baile preciso y cante de lujo. Tras un magistral solo de guitarra, su actuación transitó por unas luminosas alegrías, una sobrecogedora ronda de tonás de El Pechuguita y Manuel de la Nina;  y culminó con un baile por soleá que levantó al público de las butacas.

Isidoro Cascajo

**Foto de José Mercé cantando en el balcón del ayuntamiento de Pamplona a la mañana siguiente de su espectáculo en el Baluarte.

 

 

 

 

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