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Jerónimo Maya, incomparable su destreza flamenca en el Festival Internacional de la Guitarra de Granada 2022

31 julio, 2022

Jerónimo Maya comienza en el VI Festival Internacional de la Guitarra de Granada yendo directo al corazón del flamenco con una soleá sentimental y pausada que por momentos parecía acelerarse aunque siempre volvía al poso vacío, hasta quebrar el vaso. Seguidamente, invita a Cheyene a subirse al escenario y compartir a su son la bulería, juguetona y juvenil, junto al despliegue técnico del que solo es capaz Jerónimo Maya. Nos encontramos en el patio de la Peña La Platería.

Cuando una taranta despega de sus manos con las raíces hundidas en la tierra a tanta profundidad, la disociación interior es irremediable y por dentro se rompe un silencio perdido, prácticamente escuchado por primera vez. Concentra cielo y tierra en partes sentimentales, trémolos y melodías quebradas, formando la comunión entre sus cuerdas, manos y público asistente. Para la siguiente bulería, de corta duración, en su sitio y al golpe, coloca la estética flamenca en su máxima.

Ligados de misterio, dispersos e inconexos, dan paso a sus fandangos de Huelva donde la armonía navega y se pierde en alta mar hasta desaparecer en el horizonte. El siguiente tema va precedido de un largo silencio, tal vez de pocos segundos, pero que presagia la entrada de una solemne nueva melodía. Arremete cada impulso del tempo preciso de la seguiriya.

Majestuoso es su toque, así como la presentación de sus últimas composiciones, como meditación religiosa, alabanza a Dios, retiro de lo mundano. La única salida que queda es por las estrellas. Con la Alhambra de fondo, sus alegrías hacen vibrar cada célula de su cuerpo. Nunca tuvo más sentido un encuentro con Jerónimo Maya. “¡Jero, está llorando la Alhambra!” –exhala un asistente anónimo entre el público.

Después tangos, morunos y orientales. Granada está contigo y tu guitarra siempre sonará flamenca. En su bis saca los oles más sentidos del público. El palo no importa, Granada está en sus manos y la búsqueda de rozar el límite se entrelaza con grandes inhaladas de aire hasta la bulería final, con tintes de mil colores. Recursos no faltaron, solamente el tiempo para asimilar que es real y, entre sus melodías, Paco de Lucía también asoma su genio y sonríe.

Pablo Giménez para Flama

 

 

 

 

 

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