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Jerez ama a Farruquito

3 marzo, 2024

Jerez ama a Farruquito, esto es lo más claro que podemos sacar de Alma Nueva, el montaje que Juan Fernández Montoya y su hijo Juan El Moreno nos traen al Festival de Jerez, el público jerezano idolatra al bailaor sevillano. A sus cuarenta y un años, es verdaderamente un mito viviente, no se recuerda nada igual en el baile. Un artista relativamente joven, que ha construido a su alrededor un halo de misterio que lo hace ser alguien realmente venerado por un gran sector del público flamenco. Haga lo que haga, el bailaor mueve masas en el entorno más ortodoxo del baile, la gente se agolpa en las puertas de los camerinos para fotografiarse con él, una palabra suya da más que hablar que conversaciones enteras de otros, todo lo que haga Juan, importa, y eso siempre es un beneficio añadido para el programador. Ya el espectáculo que presente es otra historia que suele pasar desapercibida, porque a los que nos encontramos en ese rebaño de fanáticos del sevillano, nos parece todo estupendo.

Algunos dicen que su baile se ha vuelto efectista, pero qué me importa a mí si me sigue poniendo los pelos de punta. Hay quien repite que siempre baila igual, yo a eso lo llamo sello propio. En los mentideros se comenta que hay veces que le falla una rodilla, para mí, con la que le queda ‘buena’, puede hacer más carrera que los que presumen de virtuosismo dancístico. Que si todos los espectáculos son lo mismo, yo pondría a otro a intentar hacer veinte años lo mismo, a ver si aguanta en la cima del baile. También resuena que lleva una excesiva instrumentación y que pierde pureza, a ver quién mete al teclista de SonDeAlikante en su espectáculo, se va al Villamarta a presentarlo y sale por la puerta grande. Y así podríamos estar siglos, yo a eso lo llamo envidia. Lo de Farruquito es ya una religión, y sus parroquianos acudimos a la llamada, así sea todos los domingos que él quiera. Allí estamos, deseando que nos deé su bendición para irnos en paz.

Y a parte de todo esto, como ya hemos dicho, presentó Alma Nueva, tras su paso por Mont de Marsan. Un espectáculo coprotagonizado por su hijo, Juan El Moreno, que hace unos días levantó una enorme expectación en el ciclo de peña en peña, en el que baila como siempre, de bien para arriba. Lleva un elenco que hace las delicias de los que gustan del cante gitano y arrebatador, con una Mara Rey inspiradísima, una Mari Vizárraga que en el mundo farruquero se encuentra en las mismas glorias, un Manuel de la Nina que es energía pura, y un Ismael El Bola peligroso, peligroso porque canta como le da la gana y está en auténtico estado de gracia, ¡qué barbaridad lo de este chaval que está llegando a la cumbre del cante para el baile sin llegar a los 30 años!

Larga ronda de fandangos como presentación para los bailaores, homenaje a su tía Pilar La Faraona en imágenes, que juraríamos está encarnada por su hija África, farruca magistral para Juan, rematada por tangos de su hijo. Seguimos con las alegrías del cuerpo de baile, airosas y lucidas, bulerías de los hombres para Juan, apoteósico como siempre. Cantes de levante en la voz de Manuel de La Nina para el baile de Cristina Soler y tangos para Auxi Fernández. Video homenaje a Farruco y Juan se marca una soleá de nivel, terminando con un remate que hace enloquecer al público, justo antes de la salida del cuerpo de baile. El Moreno baila caña, salen padre e hijo, bulerías, saludos, las hijas de Juan bailan, fin de fiesta y ya está todo el mundo encantado de nuevo.

Juan El Moreno baila bien, es insultantemente joven como para decir nada excesivamente bueno ni malo de él. Le queda un largo camino por delante y una losa encima, como al resto de familiares, de ser parientes de un mito del baile que está en activo. ¿Bailarán bien todos los que han seguido su escuela? Pues la mayoría sí, pero Farruquito solo hay uno, y eso es un gravísimo problema en la carrera de cualquiera que esté cerca de él, que su sombra es demasiado extensa.

Auxi Fernández y Cristina Soler cumplen bien su papel de cuerpo de baile. Aportan algo de frescura al montaje ya que son caras que no estamos acostumbrados a ver en el entorno de esta familia sevillana. La guitarra de Manuel Valencia, el piano de José Fernández y la pulcra percusión de Paco Vega dan ritmo a este ‘nuevo’ montaje, que nos da igual si se llama Alma Nueva, Desde mi ventana, Con-cierto, Íntimo o incluso Sonerías, aquí hemos venido a lo que hemos venido, a ver al Príncipe del baile gitano y que nos hechice una vez más. Siempre se agradece entre tanta modernidad y espectáculos tan ‘cosmopolitas’, que nos quieren contar muchas cosas que la mayoría de veces no entendemos pero decimos que sí para creernos más cool, que llegue un bailaor con su hijo, su tradición, y todas sus cosas, y se ponga a bailar sin marearnos. Gracias Juan por tantas cosas, ojalá tengamos que escribir estas críticas mil veces, porque será señal de que sigues bailando y solo bailando, no queremos nada más, ni tú lo necesitas.

Posdata: Juan Fernández Montoya, el Príncipe del baile, uno de los guardianes de la pureza, el defensor del flamenco como lo entendían todos nuestros antepasados, la guía que ha marcado varias generaciones del baile, el que mueve masas en torno a este llamado Patrimonio de la Humanidad… NO TIENE EL PREMIO NACIONAL DE DANZA. Buenas noches.

 

J.J.C.D para Flama
Reportaje Gráfico: Tamara Pastora

 

 

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