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Homenaje al cante jondo femenino en el 70 Festival de Música y Danza de Granada

7 julio, 2021

Una mesa, tres figuras sentadas en cada lado y el compás por tangos comienza a salir de sus palmas, jaleando y preparando el ambiente para el duende que está por llegar. A su izquierda una larga fila de sillas de anea vacías, recordando el tradicional asiento de tantos artistas flamencos, a su derecha otras cuatro. El compás sigue sonando y el público del Teatro del Generalife, en el marco del Festival de Música y Danza de Granada, esperan expectantes a que ocurra el siguiente movimiento mientras los tres figurantes pierden su interés visual y pasan a ser parte del decorado. Ya solo se siente la locomotora que se ha puesto en movimiento y que se va acercando a cada persona sentada en su butaca, en el imponente escenario al aire libre, rodeado de cipreses altos y majestuosos.

Finalmente ocurre algo, las cuatro sillas a la derecha de los palmeros empiezan a ocuparse por los guitarristas Antonio Malena, Carlos de Jacoba, Manuel Parrilla y Paco Cortés. El orden de aparición se rige por la edad y por la misma regla comienzan a entrar las mujeres protagonistas de la noche provenientes de toda Andalucía. Una a una cruzan el escenario hasta su asiento, desde María Vargas hasta la joven Lela Soto, la jerezana que más adelante hablará del respeto que siente hacia sus compañeras y del entusiasmo que siente por estar rodeada de parte de la “créme de la créme” de los guitarristas actuales.

Una vez acudidos todos los artistas a escena, habiendo sido añadido al compás por tangos los rasgueos de los guitarristas, manteniendo la tensión, comienzan todas las cantaoras al mismo tiempo con el estribillo clásico o ida titulada Yali yali. Continúa cada cantaora individualmente, con el despliegue personal de letras por tangos, hasta concluir este primer número de nuevo con el Yali yali, todas juntas: Maria Vargas, Juana la del Pipa, Herminia Borja “La Chula”,Dolores Agujetas, Mari Peña, La Nitra, Chonchi Heredia, Rocío Segura y Lela Soto.

La continuación del espectáculo se resume en una puesta en escena de la intimidad del flamenco, del pasado que fue y todavía es, recuerda en ocasiones al documental Rito y Geografía del Cante, del presente, y del futuro del cante, centrando a cada cantaora, protagonista de un estilo en concreto, en el centro del escenario. A solas, Maria Vargas, iluminada por un cenital, quien templó y cantó última en la ronda de tangos anteriores, frente a un público de cientos de personas, continuó el recogimiento del flamenco cantando las palabras “te busco por todos los rincones y no doy contigo” por seguiriyas junto a Manuel Parrilla. Entre letras y letra retumban sus jaleos al guitarrista con un “Manuel”, despojado de la cercanía habitual que se puede encontrar en escenarios más recogidos, a través de las butacas y los jardines del Generalife.

Los siguientes cantes fueron todos en el centro del escenario. Cada cantaora tuvo su momento, a veces a dúo o trío. Tuvo la noche un parecido con los festivales de cante extendidos por toda Andalucía pero sin la barra montada en el fondo y sin niños dormidos en el regazo de sus padres. La acogida del Festival de Música y Danza de Granada llevó la cercanía del cante flamenco, en su estado más natural, sin artificios exuberantes ni efectos forzados, a su escenario con mayor extensión. Si Manuel de Falla hubiese visto aquello se daría cuenta de que su preocupación por la desaparición del cante jondo ya no tiene fundamento y su conservación está en parte en estas mujeres cantaoras.

Pablo Giménez para Flama

 

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