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Homenaje a Paco de Lucía el primer viernes del Festival Flamenco de Nîmes

17 enero, 2015

La organización del Festival Flamenco de Nîmes ha homenajeado al genio de Algeciras en este su vigésimo quinto aniversario de un festival y de una ciudad que se vuelcan completamente con lo español en estas dos semanas frenéticas de flamenco. Y ayer fue el día de Paco de Lucía.

En la mañana del día 16 de enero, Juan José Téllez, escritor, poeta y periodista, desgranó la vida de su paisano de Algeciras, en la faceta de artista y también algo en lo personal. Entre lo más curioso de la exposición, disertó sobre las influencias principales de Paco, Niño Ricardo y Sabicas, y sus primeros contactos con el extranjero, pero también sus grandes encuentros, como el de Camarón o Miles Davis, entre muchos otros. Así como la pasión que Paco sentía hacía el genial Chick Corea. De cuando ‘adoptaron’ el cajón flamenco en el sexteto, gracias a Rubem Dantas y de otras tantas anécdotas que acercaron a Paco un poco más al público de flamenco en Francia; y sirvió de introducción, a la vez, para lo que se vería por la noche.

Segundo Falcón y Manolo Franco
La jornada seguía dedicada al genio de Algeciras por la noche, pero hubo un paréntesis para escuchar un poco de cante, con Segundo Falcón y Manolo Franco, todo un clásico del flamenco ortodoxo, y acústico, en el Instituto Emmanuel D’Alzon. Desgranó las alegrías de Cádiz, con un deje cordobés en el remate, con temática taurina en algunos versos, lo cual despierta el interés del respetable aún más, debido a la gran afición que existe en Nîmes. También se acercó el de El Viso del Alcor (Sevilla) al barrio de Triana, por soleá. Aquí alcanzó un clímax especial. Reposado. A destacar la sonanta del también sevillano Manolo Franco. Aunque en la malagueña parece que es donde se sintió más cómodo, se gustó y deleitó con una serie de melismas muy emotivos, rematando por abandolaos. Siguió la caña de Pepe Marchena, pero adaptada al tiempo de soleá. Mantuvo la jondura, lo que levantó algunos olés emotivos. Siguiriyas, cantes de levante, bulerías y fandangos… El público salió bastante satisfecho del recital de corte clásico. Puede que de un público ávido de ortodoxia después de las dos noches de Israel Galván.

Y de nuevo Paco de Lucía.
José María Velázquez-Gaztelu diseccionó la vida y obra de Paco de Lucía en el Théâtre de Nîmes, junto al discípulo más allegado al de Algeciras en los últimos ocho años de su vida, Niño Josele. «El guardián de la Memoria Audiovisual del Flamenco», como llama aquí la organización por su gran obra Rito y Geografía a Gaztelu, hizo una exposición y conferencia ilustrada por los vídeos de su serie, así como en directo por el guitarrista Juan José Heredia Heredia Niño Josele, compositor, intérprete y concertista. Este contó anécdotas que ha compartido con Paco, pero la más emotiva es cuando conoció a Paco en Mallorca, con 8 añitos, y el genio le dijo que algún día tocarían juntos y le regalaría una guitarra. Y así fue; parece ser que Paco tenía muy buena memoria, porque cumplió su promesa algunas décadas después. Niño Josele habló también de la soledad de la sonanta. Parece que la vida gira en torno a ella, lo cual hasta te aleja de tu familia. «Vives al margen de todo, pierdes la perspectiva de la realidad», como comentaba Josele.
Se mostró un vídeo en el que Paco comentaba que veía fallos por todos lados… Cuestión de creación. Si estás creando cosas nuevas y buscando, pues a veces hay errores y otras lo parece, pero porque es totalmente novedoso. Se proyectó la primera vez que Paco interpretó en público esa rumba que lo catapultó: Entre dos aguas.
Velázquez-Gaztelu comentó que a Paco lo que más le gustaba era la bulería.
Un homenaje al tono de lo que se explicó en el escenario, un memorial muy original, desde la intimidad del escenario, atrevido y a la vez humilde, «como le hubiera gustado a Paco», Gaztelu dixit.

Patrice Thibaud y Fran Espinosa
La maratón flamenca del día 16 comenzaba a las 12.30h de la mañana, y duró hasta las 23.30h, casi doce horas respirando flamenco. Pero mereció la pena, hubo ortodoxia, charlas, conferencias… pero la sorpresa de la jornada estaba por llegar. El bailaor de Córdoba comparte escenario con un famoso cómico y mimo francés, Thibaud (aunque de ascendencia española, como me comentó en camerinos). Genial. Nunca había visto nada parecido. Cabaret flamenco de alto nivel. Una escenografía muy simple, de una mesa en una cocina y una cortina y biombo para mostrar la vida íntima de una madre con su niño, Franito, Fran Espinosa caracterizado como un niño, incluidos sus zapatos rojos brillantes. Un chico que soñaba flamenco, pero con todo el cachondeo (perdón por la palabra, pero creo que es la mejor para estas situaciones que se suceden). Fran bailando por bulerías con un cerdito en la mano. Todo está en su imaginación, pone la mesa pensando flamenco, en su mundo, y no para de hacer compás con todo lo que toca. El único acompañamiento de guitarra en contadas ocasiones, por Cédric Diot. Es difícil cómo Fran se controlaba y no mostraba todo lo que sabe, muy adaptado al papel de niño fantasioso aflamencado. Pero nos sorprendió ejecutando algunos cantes, como por bulería. Todo esto aderezado de situaciones totalmente cómicas con las que el público no paraba (parábamos) de reír. Un punto tras otro. Y lo mejor, que se hizo muy corto. Duración de unos 40 minutos que la remataron con Fran bailando la caña ante su madre muerta. Una mezcla perfecta de humor y tragedia, como la vida misma. Flamenco per se.

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