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Gualberto por bollywoolerías en la Bienal de Sevilla

30 agosto, 2020

Se puede ser mejor o peor, gustar más o menos, pero la originalidad es un gran valor añadido que marca distancias. Y Gualberto podrá ser de nuestra afinidad o no, pero lo que es indiscutible que a lo largo de los años tiene su propio sonido, su propio sello o, incluso, su propio duende… como se denominó al espectáculo Duende Flamenco. Y es que Gualberto es una especie de flamenco antiguo, pero de la movida ‘moderna’ y ‘psicodélica’ sevillana de los años 60 y 70. Solo hay que escuchar sus comentarios entre canción y canción… parecía un cantaor de los años 70, comentando sus ideas, hablando con el público… genial.

Pues con este genial espectáculo sin parangón que presentó anoche en la Bienal de Flamenco de Sevilla, en el Monasterio de San Jerónimo, el guitarrista sevillano dio una muestra de la maestría que ha alcanzado, acompañado por el bajo de Daniel Escortel, Fernando Rodríguez, al sintetizador, y Toni Manga a la batería y percusión. Estuvo explicando largo y tendido (muy ameno, ante las risas del respetable) lo que él piensa sobre el duende… «o lo tienes o no lo tienes». Y quería transmitirlo a través de un espectáculo basando en las fases lunares, muy de actualidad; el último plenilunio del verano tendrá lugar el próximo miércoles 2 de septiembre, y en la noche de ayer la luna tenía un color muy especial.

Arrancó por bulerías con alma de blues con la Luna Nueva. Impresionante… llegó el cuarto menguante por tientos tangos, acordándose de Rosalía de Triana, Chiquetete y tantos flamencos con los que ha compartido vida y música. Cuarto menguante lo hizo en un tono y compás que a mí, personalmente, me recordó al Romance de Juan de Osuna, interpretado por Manolo Caracol en tantas ocasiones. Aunque a la persona de al lado le recordaba a Triana, que a su vez puede que se inspirara en la obra del de la Alameda… y es que el rock andaluz progresivo estaba presente. Y la Luna Llena la hizo a compás de bulerías pero con su magnífico sitar. Y es que del virtuosismo y la velocidad era inevitable acordarse de ese ritmo tan pegadizo como universal, como es el sonido bollywood… pero a ese compás, no pude evitar de poner este titular.

Gualberto, por lo tanto, mostró con total perfección qué es el duende, ya sea eléctrico o no eléctrico. Porque fue un duende eléctrico pero de la época analógica, de la que él vivió mucho. Así que diría que Gualberto, anoche, atrapó el duende invisible para todos los asistentes a un espectáculo tan único como él.

Isidoro Á. Cascajo de la Barrera-Caro

 

 

 

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