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Gitanería y mucho cante en la inauguración de la Carpio en el Festival Flamenco de Jerez 2026

21 febrero, 2026

Manuela Carpio ejerció más de directora que de bailaora en el espectáculo ‘Raíces del Alma’ en la inauguración del Festival Flamenco de Jerez 2026 anoche en el Teatro Villamarta. Desde esta perspectiva, se puede decir que hizo un gran trabajo desde el mismo momento de la concepción, desde que sembró esa semilla bien jonda para que brotaran raíces por toda la huerta de San Miguel, porque hubo mucho cante racial; una suerte para los aficionados, ya que fue fecundo.

Como hacen las buenas hortelanas, sembró varias semillas para asegurarse que aquello agarraba, y también apostó por la diversificación, simientes jerezanas ligadas con sevillanas, procedentes de Lebrija, Triana y Las Tres Mil. Y el árbol creció con fuerza, no le quedaba otra.

Los ecos se fueron diseminando en ese triángulo inmaterial de la humanidad, con una salpicadura extremeña con don Enrique, que fue el que arrancó por alegrías ante una Manuela impolutamente blanca, meciendo su bata de cola acordándose de La Viña, competidora actual con Jerez a base de muchas coplas de carnavales.

Manuela comenzó llevada en volandas por ese Dream Team con palmas de vértigo y compás imposible. Baile con mucha gitanería y garra, tanto de la protagonista como de las invitadas, Saray García, Rocío Marín y Susana Casas. Aquello no paraba de crecer.

Y llegó la autenticidad del barrio de la Carpio con los ecos de Miguel Lavi y Manuel de Tañé, dos figuras que cada día cantan mejor. Tonás y siguiriyas ante la autenticidad de un yunque y su mesa, en el que los sevillanos Torombo y Oruco trajeron desde Las Tres Mil su gitanería y su guasa, un arte que no se podía aguantá. Fue un privilegio ver esa vinculación flamenca con una memoria compartida arraigada a través de la dinastía del arte más puro. Acordándose de sus antecesores.

Después de la raigambre visceral, vino una mesa con su mantón, con luz íntima y a golpe de tangos, iniciados por Anabel Valencia con giros a Triana por parte de Angelita Montoya; con la actuación estelar de Tomasa La Macanita, y con un acompañamiento de José Gálvez que fue algo extraordinario por su belleza.

Al otro lado de la mesa estaban los ecos masculinos. Arrancando con aires ‘migueleros’ de El Tolo con soleares por bulerías de Barullo, ecos Moneos. Los dos se desgañitaron agarraos a la enea. Remató la faena José Valencia, quien se llegó a poner en pie pa pegarse una pataíta por bulerías de su tierra lebrijana, acompañado por su escudero Juan Requena. El árbol ya estaba echando flores.

Seguían regando con agua de soleá, Enrique, Miguel y Manuel echaban abono en una noche que no paraba de levantar los oles del respetable. Donde se compaginaba la fiesta con el temple… y llegó una sorpresa inesperada desde Triana… de entre las raíces parece que brotaban esas flores del balcón de Manuel Molina por la boca de José Gálvez, ¡¡qué cosa más bonita!! Cantando y tocándole a su Manuela. Desde las letras hasta el quejío nos recordaban al maestro sevillano. La fusión de las simientes parece que funcionaba… Y luego otro recuerdo precioso a Juanillorro… con la presencia de Juanito Carpio, que bailó jerezanamente al cante de su Tía Manuela… una estampa pa enmarcar.

Además del baile de don Diego de la Margara, no podemos dejar de mencionar a esos genios y figuras del arte jerezano, que se trabajan todos los tabancos y salas de Jerez, y que estuvieron sembraos y levantaron las risas y los reiterados oles del público, Israel de Juanillorro e Iván de la Manuela… ¡no se puede tener más ange y más esencia jerezana! Eso ya fue la guinda que brotó de esas raíces sembradas con tanto cariño y que parece que Jerez no las olvida.

Isidoro Cascajo
Reportaje gráfico: Esteban Abión

 

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