Noticias

Galván, Buñuel, Fellini, Pasolini y el bitcoin en el Festival Flamenco de Nîmes

21 enero, 2018

Hablar de Israel Galván es hablar de pureza. Aunque parezca contradictorio, hablar de este personaje que pasará a la historia del flamenco es un lujo. Si me tengo que abrir las carnes y sincerarme, el espectáculo que tuvo lugar los pasados días 20 y 21 de enero en el Festival Flamenco de NîmesLa Fiesta, fue el primero que ha hecho el sevillano que no me gustó. Lo que pasa, es que conociendo la marca de la casa, y siendo incondicional, tengo que digerir lo que aconteció durante dos noches en el Théâtre de Nîmes. Fue en plan Tip y Coll; o Martes y Trece, para los más jóvenes. Era puro cachondeo. Auténtica filosofía de alta alcurnia. E Isra no hace las cosas por casualidad. Se rodea de la crême de la crême. Sale arrastrándose por las escaleras del patio de butacas con un moño de flores. Se dirige hacia el tablao como si fuera minusválido. Es una Fiesta organizada entre Buñuel y Fellini. Nada más próximo al humor sevillano… surrealismo en estado puro. Entre Niño de Elche, Caracafé, Bobote o La Uchi, faltaba la figura del eterno Marcello Matronianni.

El compás no para en ningún momento, pero es todo un absurdo. Nadie canta, ni toca ni baila (salvo Alia Sellami). Coreografía rastrera… Israel no para de arrastrarse por los zuelos. Paco, Niño de Elche, hace como si estuviera sentado en el retrete, dando de cuerpo. Y no hay quien lo quite de en medio, por cierto (intenta saltar el burladero dándose cabezazos).

La grandeza de Israel, que en otros países se tiene que llamar Galván (por temas religiosos), es que no quiere referencias; aunque sea lo más parecido al flamenco puro (él no lo sabe). Sale en calzoncillos y calcetines…. Música gregoriana de fondo y Niño de Elche soltando pitidos por la boca, como si fuera el último mensaje en morse del Titanic. Y hablando del Titanic, tenemos que hablar de Bobote… porque es que le cabe el buque de perfil y derrapando. Galván sabe y conoce los mimbres con los que ara. Sonaba de todo menos flamenco. Parece que escuché dos notas de una farruca. Después, música andalusí, sefardí… con violín y sonanta. Israel, nos dedicó un taconeo. Hombre, por favor.

Se escucharon, a mi parecer, algunas notas de bulerías… La verdad que, en hora y media, casi no hubo flamenco. Pero sí. Fue una especie de fiesta surrealista en la que Buñuel cantaba y Fellini se pegaba la pataíta mientras Pasolini hacía compás. Hubo un momento de tragedia por siguiriyas, y musho canshondeo.

El bitcoin es más fácil de descifrar que el baile de Israel Galván. Y esto no es un pareado.

Isidoro Cascajo de la Barrera-Caro

Comentarios (0)